Debería estar aliviada. Me dejaste, y con ello dejé de tener discusiones, de chocar contigo en lo que no estábamos de acuerdo. Dejé de tener que lidiar con las partes de ti que no me gustan, o de lidiar conmigo misma en el conflicto de querer cambiar lo que no me gusta de ti, o de convivir contigo tal y como eres. Debería estar aliviada. Podría encontrar a alguien mejor, alguien que no me de tantos problemas, comeduras de coco; alguien más afín a mí, que se adapte a lo que yo espero de una pareja. Que sea más detallista, que me sorprenda, que no sea tímido… Pero no existe nadie perfecto, y aunque existiera, no lo querría. Te quiero a ti, y te quiero con lo que no me gusta de ti, con tus defectos, con todo lo que me provoca ralladuras, enfados o disgustos. Pese a todo, te quiero a ti. He comprendido que no debo tratar de cambiarte, porque aunque ahora no hayas cambiado, y pese a que no me quieras como antes; pese a que no quieras estar conmigo, aun así te quiero. Te quiero tal y como eres. Y no te lo tomes a mal porque sólo nombre tus defectos. Sería muy fácil decir que te quiero por todas tus cosas buenas, porque tienes un montón. Pero por tus cosas buenas puedes tener a cualquiera. Lo que todos necesitamos, es a alguien que se quede a pesar de nuestros defectos; ésos son los que realmente definen quiénes somos. Tal vez las cosas buenas también, pero nuestro peor defecto indica el límite. A partir de ahí, todo es mejor. Yo creo conocer todos tus defectos, y te amo.
Algún día fuimos mejores personas juntos, y a mí no me faltan ganas de volver a serlo.