La capacidad de quedarte tumbada mirando al techo sin pensar en nada. La nada absoluta. ¿Cuántas veces hemos intentado a conciencia pensar en nada, y no lo conseguimos porque cuando parece que lo logramos, pensamos "no estoy pensando en nada!", y eso ya es pensar algo?
Pues la nada. Parece que cuando no buscas algo, lo consigues. Y menos mal, ya que en lo único que puedo pensar sin esfuerzo es en lo que no debo ni quiero: nuestra relación. Si es que aún es nuestra. No me imaginaba impasible, quieta, serena... en lugar de llorar sin parar. No me imaginaba riendo con una serie el mismo día en que decido terminar con todo porque no puedo más. NO PUEDO MÁS! No sé qué más hacer para conseguir que funcione. No sirve de nada que me esfuerce en aportar, en ponerme en su piel, en darle lo que pide, en darle lo que creo que necesita. No sirve ni bajo mi punto de vista ni bajo el suyo.
Soy una persona entusiasta y espontánea. Ambas (consideradas por mí) virtudes, se ven anuladas. Si me entusiasmo demasiado, genera una posible decepción cuando las cosas no salen como se espera. Si soy optimista o intento ver el lado positivo, choca con su negatividad y no sirve. No se deja arrastrar ni un poquito. Si digo que está en sus manos amueblar el piso e irse ya, no sirve! Porque asume que la vida tiene que ser mala y tener trabas que superar. El "por qué no?" a veces funciona, y este es uno de los casos. Ok, a la mierda mi entusiasmo. Soy espontánea. Digo lo que pienso y lo que siento, si quiero preguntar pregunto, si quiero proponer propongo, si quiero aportar aporto. Maaaal! Pregunto cuando no apetece responder, propongo cuando no quiere alternativas y opta por su NO rotundo, aporto cosas que no sirven. Ok, a la mierda mi espontaneidad.
Dos de las cualidades que me definen se ven obligadas a desaparecer de mi carácter. ¿Eso no es sentirme forzada a cambiar? Me siento frenada, a medio gas, con la prohibición de pegar un grito, un brinco o una carrera si quiero. Soy como una niña a la que no dejan salir a jugar: reboso energía y comérmela me mata. No he nacido para ser espectadora, para escuchar algo que no sea una melodía que me emocione. Soy la que responde, la que sugiere, la que toma la iniciativa para decir: vamos. Si no puedo ser eso, no estoy teniendo la capacidad de ser yo. Y cuando una persona deja de ser ella misma, comienza a ser infeliz, y termina por huir. Porque nos pasamos la vida peleando por los demás, y siempre nos acordamos de nosotros cuando estamos malheridos, cuando ya no podemos seguir más. Y si pudiera, si puedo, yo sigo, porque también soy cabezona, soy apasionada, y me da igual morir de amor, porque vale la pena intentarlo, siempre que traiga una alegría que se quede.