lunes, 26 de agosto de 2013

Armonía

A veces, siento que me pierdo tantas cosas... Siento que, por la sociedad y el momento en los que me ha tocado vivir, no estoy dando de mí todo lo que pudiera o quisiera; que me veo limitada para poder sacar lo mejor y lo máximo de mi. 


Algunas situaciones, personas o cosas, como la lectura, me hacen reflexionar mucho y formar nuevas opiniones que ayudan a reforzar mi personalidad, y siempre en el mismo camino: quiero aportar algo, algo de verdad, y quiero dar lo mejor de mi, y sé que sería mucho. Me gustaría hacer lo que fuera en este sentido, sobre todo, por demostrármelo a mí misma, porque sé que puedo, pero quiero vivenciarlo y comprobarlo con mis propios ojos. Quiero tener el valor de irme al extranjero a buscar trabajo, o en España, pero quiero empezar completamente de cero para, algún día, poder echar la vista atrás y comprobar que, todo lo que tenga para entonces, lo haya conseguido a base de esfuerzo y sacrificio por mi parte. No quiero que me lo den todo hecho. Jugar a los sims con el truco del dinero dejó de gustarme, y comencé a hacerlo desde la pobreza de mi personaje. Pero ahora mismo pienso en un ordenador y me siento asqueada. La verdadera realidad, la vida misma, está ahí fuera, alejada de toda tecnología. De móviles, ordenadores y lujos. El sudor de la frente y el trabajo con las manos es lo que de verdad debería enrogullecernos explotar. Somos humanos por nuestras increibles capacidades, y nos dejamos atontar por nuestras propias creaciones. Escribiría esto más a gusto sobre el papel, pero tengo tanto en la cabeza en estos instantes, que si no lo suelto deprisa, pronto perderá toda su forma. 



Realmente me siento yo misma cuando leo un libro. Me encuentro y me gusta lo que veo. He tenido varios momentos de verdadera confusión conmigo misma, pero cada vez me conozco mejor; en ocasiones tengo la maravillosa oportunidad de socavar hasta el fondo de mis entrañas, y me gusta llegar allí. Podría decir que estoy orgullosa de mi misma, al menos de mis intenciones. Porque no hago más que lamentar el paso del tiempo, y ver cómo no consigo nunca plasmar en hechos tantas ideas que vagan por mi cabeza. Me he llegado a plantear irme al tercer mundo a ayudar. De no ser porque soy una cobarde con miedo a contraer alguna enfermedad mortal, creo que me iría en serio. Soy a la vez revolucionaria y pacifista. Siempre he tenido muy mal genio y un gran pronto. Parezco hecha para la guerra, pero de ir a ella sería en busca de la paz. Creo que soy muy defensora de no perturbar la armonía del mundo. Disfruto en la naturaleza, con las cosas no manipuladas por el hombre. Estoy contra el maltrato animal, contra la tala de árboles. Me preocupa el deshielo de los polos (aunque para ser franca, sólo si pienso en ello, y no necesariamente a diario). Repelo todo lo que creo que puede ser cancerígeno. Amo la vida, pero parece que siempre se me escapa de las manos mientras la persigo para aferrarme con todas mis fuerzas a ella. Siento que me falta algo. Siempre lo siento, y en ocasiones como esta en las que me encuentro tanto conmigo misma, más aún. 



¿Qué debo hacer para lograr estar en paz? ¿Qué paso debo dar?

domingo, 25 de agosto de 2013

Mujer

Una no se hace mujer la primera vez que ve una mancha roja en las bragas. Eso es lo que normalmente se le dice para que se sienta fuerte ante un hecho que, en realidad, le hace sentir que el suelo se abre bajo sus pies. Pocas sensaciones se igualan a esa, pero en realidad no es una sensación mala. Una tampoco se hace mujer la primera vez que da un beso con lengua, o que dice "te quiero". No cuando tiene su primer novio, o cuando, con un poco de suerte, en su primera vez le hacen el amor. Esto no deja de ser una sucesión de vivencias y sensaciones nuevas, que le hacen sentir diferente, distinta a nunca antes, pero todo son cosas buenas que incluso aún siendo una niña, puede experimentar, y seguirá siendo niña después de ello. 


Lo que por excelencia define a una buena mujer es el coraje, la entereza que debe mostrar en situaciones complicadas en las que, de no ser porque ya es una mujer, saldría corriendo. La humildad que debe sustituir al orgullo en incontables ocasiones, y el orgullo que debe sacar de donde cree que no tiene cuando, en el caso contrario, se está sintiendo humillada. Cuando a una le rompen el corazón y es capaz de volver a sonreir porque lo siente, cuando ha luchado hasta lograr eso, entonces es toda una mujer. Cuando lleva nueve meses a un niño en sus entrañas y tiene que liberarle, cuando hasta el padre huye de la sala de partos, entonces es lo que con orgullo se define por mujer, ya tenga treinta como sólo quince años. La fuerza de voluntad para seguir, para demostrar que puede; que es un portento físico, una genialidad mental.



Son las cicatrices. La señal de que ha sufrido y ahora está ahí delante de ti, más grande que nunca. Unas maduran con el tiempo. Otras, a la fuerza. Porque para lo bueno vale cualquiera. Para lo malo, hay que ser mujer.


viernes, 16 de agosto de 2013

Feliz

- Del 1 al 10, ¿cómo eres de feliz?

+ Mmm... 9, más o menos.

- ¿Tú solita?

- Así es. 


Sin más. Porque sí. Porque la felicidad existe. He cambiado de opinión, y adoptado la propia de que depende de uno mismo y de nadie más. 

Por el eterno carpe diem. Por el día a día. Chin chin.