¿Madurez? Creo que lo que se me está pidiendo no es madurez.
El amor de mi vida me deja, pasa de luchar, porque no soy tan importante para
él como él lo es y será siempre para mí, pese a que crea que ya no merece la
pena estar con él por cómo se está comportando conmigo, pese a que odie sentir
lo que siento por él y que algún día fue lo más maravilloso que me pudo pasar. Me
deja, y pretende que actúe cada día como si nada, con una sonrisa, que no haga
ni un reproche, que no esté resentida con él por abandonarme, que no me duela imaginar
que cualquier otra persona del mundo, mucho menos importante para él, pueda tan
siquiera hablar con él, hacer bromas, estar en su vida… cosa que a mí me ha negado.
Pretende que no me vuelva loca de impotencia cuando veo que empieza a tener
cosas especiales con otras personas, cosas “suyas” que sólo ellos saben. Ver
que se acuerda de otras personas y que recurre a ellas cuando está mal. Que no
soy necesaria en su vida y que jamás me necesitará. Pretende que todo eso no me
importe, o que al menos, finja que es así. Pues si encima me duele todo esto, fingir
que no pasa nada para incrementar aún más su bienestar, duele el triple. Es egoísta,
me deja para estar mejor, y le importuna que simplemente me queje, que trate de
expulsar fuera una mínima parte del dolor que siento por dentro. Puedo expulsarlo,
pero a su manera, como él diga, porque todo lo que haga fuera de lo que le
parece coherente, está mal. Y me lo recrimina. Pero ya no estoy en su vida, y
porque él así lo quiso; entonces, ¿por qué tengo que seguir tratando de
complacerle? Ni siquiera me deja sentir mi dolor en paz. Que ofenda mínimamente
a otra persona, no creo que le cause ni una décima parte del dolor que siento
yo. Estoy destrozada por dentro. La parte más difícil del día es el despertar,
porque tengo que enfrentarme a otro día en la vida en el que no sé ni por dónde
empezar, porque siento que no tengo sentido aquí. No me planteo suicidarme,
pero entiendo a los que lo hacen, porque veo la muerte como una vía de escape.
Es mi dolor, y creo que después de lo que me has hecho,
tengo derecho a vivirlo como quiera, o más bien pueda. ¿Te crees que me gusta
ir ofendiendo a la gente, estar enfadada, frustrada o dolida? ¿Te crees que no
preferiría no sentir ahora nada por ti y ser feliz, aunque sea sola? Yo no
quiero estar contigo, yo quiero estar bien y ser feliz; el problema es que
aprendí a serlo contigo, y desaprendí todo lo demás. Eres la necesidad que más
odio tener ahora mismo, pero no puedo evitarlo. Y me vuelvo loca al pensar que
nunca jamás me dejarías, que sabías que yo era distinta, y que iríamos al altar
juntos, pero ahora me has abandonado, desechado, despreciado, porque sobro en
tu vida. Así lo veo, perdóname si para ti tiene un significado diferente, pero
así lo siento yo. Que te quejes de mi punto de vista, me lo eches en cara, o me
critiques con tu amiga por la espalda, no va a hacerme sentir mejor ni cambiar
de parecer. Tal vez tampoco sea eso lo que estés haciendo, pero no sé nada de
ti ahora mismo, y me lo imagino todo y siempre me pongo en lo peor, porque aprendí
que es mejor llevarse una alegría de vez en cuando, que decepcionarse cada vez.
Así que me planteo lo peor por miedo, y por la tranquilidad de que no puede ser
aún peor de lo que me imagino.
Aun así, no puedo dejar de sentirme decepcionada contigo, y
es porque aunque sé que la empatía no es lo tuyo, que eres incapaz de
comprenderme, que cada acción que haga o hice en el pasado para ti siempre
tenía el peor sentido posible… nunca dejé de creer en ti, y creer en que si me
querías, terminarías dándote cuenta de que no soy mala, de que te quiero y no
hago las cosas para fastidiarte. Creí en ti y no me fui yo de tu lado aunque
cada vez fuera más un cero a la izquierda, porque pensaba que algún día,
después de tanto decírtelo, reaccionarías y lucharías por nosotros, por lo que
algún día tuvimos y creí que no querrías perder. Creí que merecíamos más la
pena. No me fui aun estando harta y convencida de que ya no me mirabas con los
mismos ojos, que ya no tenías ilusión, que cada vez preferías más otros planes
que a mí. Tal vez no tengamos el mismo tipo de fe, pero créeme, sé lo que es la
fe, y tú eras la razón de que yo la tuviera. Imagínate lo importante que eras y,
lamentablemente, sigues siendo para mí.