miércoles, 19 de septiembre de 2018

Y nunca al revés

Sonabas a adiós, hablabas en hola, y olías a quédate.
Abrazabas como quiéreme.
Sabías a felicidad.

Supongo que los filtros del temer y el querer obnubilaban la cámara del sentir que siempre había llevado colgada de mi cuello; pero siempre, también, un poco menos de lo colgada que estoy yo por ti.

Supongo que hablo en pretérito imperfecto porque sigue ese temor.

Supongo que el mismo pretérito afecta a la cámara porque sigo tratando de descolgármela, de dejar a un lado el objetivo y mirar con mis ojos y seguir encontrándote delante. En presente. Soñándome sola y despertando contigo,

Y nunca al revés.

Despertando contigo y soñándome sola.
En presente.
Seguir encontrándote delante,
Mirar con mis ojos,
Dejar a un lado el objetivo.
Descolgarme la cámara para por fin nombrarla con pretérito imperfecto.
Lo que era.
El temor que ya no sigue
Y la única colgada que queda soy yo por ti.

Ti, tú, que sonabas a adiós pero hablas en hola. Hueles a quédate, abrazas queriéndome, y sabes, to-dos-los-dí-as, a FELICIDAD.

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