Creo que nunca dejaré de hablar de lo que creo que, hasta el día de hoy, es la mayor lección que mi padre me ha dado, en un momento de mi vida en que, por lo mal que lo estaba pasando, mis emociones estaban expuestas a él de par en par, cosa que no suele pasar. Lo pondré entre comillas, aunque no le esté citando textualmente, pero la esencia del mensaje es totalmente suya:
"Las personas tenemos tres capas. La primera, la más superficial, es aquella donde está lo vanal, lo que podemos cambiar sin que apenas nos afecte: salir a tomar algo o quedarte viendo una película, tostadas o cereales, quedar hoy o mañana... La segunda capa, es donde el ceder ya viene determinado por un balance, por sopesar si nos compensa o no. Es donde, si nos equivocamos, puede comenzar a afectar a nuestro ser: pedir perdón tras una discusión o no, dar o aceptar una opinión, asumir una crítica como constructiva o destructiva, e incluso decidir, según quiénes y cómo somos, qué tipo de crítica está siendo hacia nuestra persona. La tercera y más profunda, es la capa de nuestro ser, tal cual. Algo que JAMÁS podemos cambiar si no queremos perdernos, si no queremos dejar de ser quienes somos. Eso no debe cambiar por nadie. Nunca".
La lección es, ni más ni menos, que aprender a hacer introspección y a descubrir a qué capa pertenece cada parte de nuestro ser, para no sentirnos destruidos por ceder en algo superficial, o realmente ser destruidos sin darnos cuenta por aceptar aspectos que estén afectando a nuestra personalidad. Y de esta instrospección, me hizo ser consciente el poeta de la vida. Le dio nombre al concepto que mi padre me había expuesto, y jamás hasta hoy supe lo importante que sería en mi vida hacer este ejercicio, y me llego a preguntar cómo he sobrevivido hasta ahora sin ello.
Creo que no hay nada como aprender a leer a las personas. Pero cada persona es única, Ú-NI-CA, y eso significa que nos vamos a pasar toda la vida aprendiendo porque, si tenemos suerte, toda la vida seguiremos conocimiento personas nuevas. Habrá ciertas pautas o aspectos que, aunque solo sea por cultura, marcarán ese patrón en las personas en general, pero cuando has "calado" a alguien, es mucho más fácil hacer que la relación entre esa persona y tú vaya mejor.
Presumo de empática, y no de serlo, sino de trabajarlo a diario. De defender a la persona a la que mis amigas critican cuando se me quejan de algo, de ponerme en el lugar de la otra persona antes de decirle algo, para valorar las posibles reacciones que vaya a tener. Para decidir en función de cómo sea, actuar. Y me equivoco igual.
Pero he llegado a una conclusión, y es la misma que al principio: capa 3, la profunda. Que si estás convencido de algo y es parte de ti, no lo cambias JAMÁS por nada ni por nadie. Si crees que algo debes decirlo o hacerlo, si crees que debes preguntar algo a pesar de que la otra persona se enfade, pues lo preguntas. Y el error no es tuyo por querer solventar la duda, es suyo por enfadarse y no comprenderte. Si crees que es así, mueres con ello.
Porque hay que ceder cuando hay que ceder, ni más ni menos. Tú con tu capa más profunda, con tu verdadero yo, hasta el final. Porque nadie más se va a quedar ahí tanto tiempo salvo que encaje con tu ser a la perfección.
Comencé este texto, al parecer, en noviembre de 2018 y tengo muy claro el motivo (dos párrafos previos). Y el trabajo de introspección y definición de capas permiten saber de qué punto partimos, qué necesitamos y, por tanto, qué debemos pedir a los demás. Aseguraremos el fuerte de nuestra felicidad, y ofreceremos todo lo que sea prescindible como fórmula de adaptación al resto de personas. Sin saber esto, sin tenerlo claro, no nos alejaremos del ensayo-error (mi método preferido pero, ojo, para momentos iniciales). El tanteo es necesario puntualmente y como toma de contacto, no para ir por la vida jugándonos al 50% cada situación.
Salvo que nuestra capa profunda nos de esa tolerancia y capacidad de aceptación ;)
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