jueves, 9 de enero de 2014

A la vuelta de la esquina

La incertidumbre es optimismo cuando se afronta con ganas de comértela a planes.

Y es que el año pasado comencé a disfrutar de la esencia del Carpe Diem, pero al mismo tiempo tuve un poco de complejo de Peter Pan al temer tanto el paso de un tiempo que estaba siendo mucho mejor que bueno... Creí que este año sería exactamente igual y no quería que pasara todo tan deprisa, me encantaba esa vida. Pero sin embargo este año está siendo diferente. No me quejo de la situación, pero cuando algo es un "boom", es porque su duración es tan corta como intensa. Este año los quehaceres han llamado a la puerta y el tiempo de ocio se ha visto reducido considerablemente. Poco a poco el fin de esta etapa se acerca, y sin embargo, aunque sé que me dará pena que se acabe, me alegra sentir que estoy evolucionando hacia la fase de preguntarme qué pasará después, pero con ganas en cierto modo de que llegue para poder tener las 24 horas libres, o mejor dicho, disponibles para poder hacer cualquier cosa que me proponga. Estoy hablando mayoritariamente de comenzar una vida laboral más seria, y aunque siempre he dicho que tiempo para trabajar hay toda la vida, y ahora hay que disfrutar y alargar el de estudio, tampoco voy a hacerlo si no deseo estudiar nada en particular. Hasta ahora trabajar siempre se ha visto muy limitado a las horas de estudio, pero seguido de mis ganas de emanciparme viene poder inscribirme a ofertas de empleo de más horas de las que ahora podría asumir, y así lograr la independencia económica necesaria para emanciparme. 

Así que, no tengo ni idea de qué haré, pero tengo muchísimas ganas de intentarlo todo, porque a partir de ahora toda decisión que tome será para construir mi propia vida y no me importa lo que me cueste. Luego podré echar la vista atrás y enorgullecerme de lo que haya podido recorrer por mi cuenta. 

Qué independiente soy, y cómo me gusta!


miércoles, 8 de enero de 2014

Nunca un hecho será palabra.

Es en ocasiones como esta por las que me reafirmo y me dan ganas de gritar HECHOS, NO PALABRAS! Porque tanto para demostrar a los demás como para que te demuestren a ti misma, ni todas las palabras del mundo serán capaces de hacerte no creer, sino saber algo con total certeza.

Cuando creía (tonta de mi) haber conocido todas las maravillas y pasteladas del amor, me encuentro con algo para lo que por más que piense no tengo palabras, y ya solo de intentar explicarlo se me van a saltar las lágrimas. No es algo tonto o de quinceañera como me decía mi madre a veces; creo que esto es algo serio, algo fuerte, y algo que ni siquiera sabía que no llegaría a sentir porque no me imaginaba que existiera tal sensación, al menos en mis circunstancias. Y voy al grano.

Llevábamos dos semanas contando los días para volver a vernos. Lo que al principio se tornaba muy largo, luego parecía asequible y llevadero, y de hecho llevadero fue, nunca me afectó en negativo ni mucho menos, pero por más que lo pensaba me costaba verme por fin ansiosa en el autobús a punto de llegar a la estación. Desde que pude decir "Pasado mañana", no hice más que plantearme la situación de encuentro de mil maneras diferentes, desde dónde sería exactamente, hasta el punto de pensar qué pasaría con las maletas al soltarlas para abalanzarme sobre él. La noche antes, me sentí como cuando era pequeña y al día siguiente había excursión, o la noche de Reyes cuando te entraban esos nervios tontos que no te dejaban dormir. Y es que dormí fatal y desperté mil veces.

Una hora antes de salir en Decathlon, la hora de subir al bus, la hora real en que el bus arranca, la hora y pico que tardamos en salir de Asturias, la hora eterna cruzando Castilla de noche... Y los mil cálculos sobre quién llegaría antes, y mi culo que ya no sabía cómo colocarse en el asiento.

Y por fin entramos en León. Preparo todo para bajarme cuanto antes del autobús, cojo las maletas y echo a andar, entre la certeza y la duda de si realmente él se retrasaría o ya estaría esperándome. Me hago de rogar unos segundos al parar a colocar a Estelo en el bolso, y cruzo la última las puertas de la estación. Miro hacia donde se supone que debería esperarme, miro y me dirijo hacia donde decido sentarme a esperar, cuando recuerdo que es un mal mentiroso así que miro al lugar donde nos encontraríamos. Ahí está, me saluda con la mano y con su cara de "¿no es obvio que estoy aquí?". Mi primera reacción de milisegundos es como si nada, echo a andar, le miro, me pongo nerviosa y miro al suelo, sonrío como una idiota, intento correr, levanto la vista y llego a él. Guapísimo y más alto de lo que recordaba. Suelto las maletas no sé ni como y me estampo contra él y nos fundimos en un beso y otro y un abrazo y otro beso más. Y yo que le decía que ni siquiera recordaba la sensación de besarle... Ese beso es será impagable. Y recuerdo las maletas pero vuelvo a ignorarlas. Le miro, le toco la cara porque no me lo creo. Estaba nerviosísima. Parecía como si fuera la primera vez que le tenía delante, y haber pasado esa distancia de rigor e invadido nuestros espacios personales sin tan siquiera pensarlo se me hacía incluso raro. Y le vuelvo a besar y a abrazar. Echamos a andar hacia la puerta y es que no puedo dejar de mirarle tan maravillada que hasta yo sentía que me salía luz de los ojos al hacerlo. Estaba tan guapo... Y por fin delante de mi. Y le podía tocar y... Nunca había sentido algo así. Jamás. Y es realmente una puta pasada descubrir sensaciones nuevas tan fuertes y maravillosas. No me esperaba reaccionar así, y con lo rara que soy últimamente, cuando por fin había llegado el día no me creía capaz de recibirle al 100%, es como si tuviera menos ganas que otros días pasados. Así que aquella reacción fue el doble de sorprendente e increíble para mí. No tengo palabras porque pese a todo este discurso NUNCA PODRÉ PLASMAR UN HECHO CON PALABRAS.

Y por fin, por la noche, estando apunto de dormir, sentí su abrazo y lo disfruté como nunca, después de tanto tratar de recordarlo estas dos semanas. 

Le quiero tanto que ni yo misma lo sé.


http://www.youtube.com/watch?v=75r87o9dmVE

sábado, 4 de enero de 2014

Confianza

Creo que la confianza es de las muy pocas cosas que no podemos controlar en absoluto. 

Cuando alguien nos pide que confiemos en él, si no lo hacemos no es porque no queramos, sino porque no podemos. Al contrario, por mucho que deseemos no confiar en una persona, si lo hacemos, lo hacemos. Son los hechos los que, en algún determinado momento, provocan que algo haga 'clac' en nuestra cabeza y comencemos a confiar o que, por cualquier tontería insignificante, dejemos de hacerlo y ya sea irrevocable. Porque no por mucho apretar los puños y fruncir el ceño, lograremos que nuestro coco cambie de opinión al respecto. 

Por eso es tan valioso ganarse la confianza de alguien. Pero es tanto o más importante lograr mantenerla. 



Terror

Miedo. Miedo a volver a ser la que era. Miedo a que esa bruja resurja porque sea mi naturaleza. Miedo a cambiar un carácter alegre y feliz de manera fresca y natural, sin pensarlo ni forzarlo, por otro que se mosquea con facilidad, que desconfía de tonterías, que se molesta por nada. Miedo a querer controlarlo todo y, aunque todo esto no pase, miedo a que el miedo a que ocurra se estanque. 

Miedo a no disfrutar aunque todo vaya bien, por estar temiendo que algo vaya mal. Miedo a no estarme dejando llevar. Miedo a cagarla, a hacerle daño. Miedo a no ser feliz.

¿Es bueno estar pendiente del autocontrol? ¿De estar alerta para prevenir posibles conductas negativas? ¿Forma parte de un cambio hacia algo mejor? Algo me dice que no cuando, después de haber estado al otro lado, he sido capaz de volver sola, estando sola.

Miedo a necesitar estar sola para ser yo. O para ser la yo que me gusta.

Sea como sea, esta entrada me es familiar. Y estoy acojonada porque ahora ya sé de primeras lo que pasa y cuál es la solución.

Miedo. Mucho miedo.

jueves, 2 de enero de 2014

El valor de una lágrima

Es increíble cómo se vuelve de importante un poco de agua con sal, estando de ella colmada el mar, cuando surge de los ojos de esa persona tan especial a causa de la felicidad que le brindas.