sábado, 20 de septiembre de 2014

Segundas oportunidades

Mi parte de culpa fue pensar que eras ese que llegaría para quedarse.

Había logrado ser feliz sola y estaba en un momento de éxtasis, quizás no había pasado suficiente tiempo para alcanzar una estabilidad sola, y poder saber que realmente era feliz conmigo misma, haciendo frente a adversidades y no sólo disfrutando de los buenos momentos por los que estaba pasando. No estaba preparada para tener pareja, y lo repetí hasta la saciedad. En lo que me equivoqué fue en el porqué: yo creía que era porque no estaba preparada para dar amor, que en ese sentido seguía reprimida. No me veía capaz de confiar en alguien de nuevo, abrirme y entregarle mi corazón porque temía que me lo volvieran a romper. Esa parte era cierta, pero se me escapaba una más profunda, abstracta e importante: al vivir con ese miedo a que me volvieran a hacer daño, sólo me quedaba una segunda oportunidad para creer, y esa por fuerza mayor tenía que salir bien. Al no estar preparada, podían haber ocurrido dos cosas: que no me llegara a enamorar, o lo que ocurrió: que cuando me enamoré me lancé contra él, de brazos abiertos y a ojos cerrados. Lo que me pasó al romperme el corazón la primera vez, fue que no me creí capaz de volver a amar, y lo que me pasó esta vez al ver que sí era capaz, fue que necesitaba que este fuera el correcto. Si bien no creía que podría volver a enamorarme, sabía que no podría soportar una ruptura más. Esta vez tenía que ser el definitivo. Auné todas mis esperanzas e ilusiones, y sólo tenía cantidad para un intento más. Claro que, a nuestra edad y aún con tantos planes que elaborar por delante, hablar de definitivo puede ser muy pronto. Ése fue el verdadero problema: demasiado pronto. 

Cuando después de que salga mal una vez, aparezca alguien que te hace creer de nuevo en el amor, se convierte en tu salvador. Pero cuando también tu salvador desaparece... entonces en esa ocasión sí que estás perdida, porque no te queda nada nuevo que vivir. Qué? Otro salvador? Ya he pasado por ello, gracias. He gastado antes de tiempo ese cartucho, esa oportunidad extra, y hoy por hoy, no me queda nada a lo que aspirar.

Esas frases de "tú vales mucho", "mírate al espejo y di aquí estoy yo", "sal a la calle e inspira hondo", qué se yo... son palabrerías que ya me suenan demasiado comunes y que no me hacen efecto, digamos. Me hacen pensar: "sí, claro, ya sé lo que pretendes y conmigo no va a funcionar". No me sirve la autoayuda, no me sirve ver aparecer a alguien maravilloso que me hable y me haga sentir que me comprende, que me acepta como soy aunque le diga que tengo muy mala ostia y que puede ser un problema... No me sirve nada porque por todo ello ya he pasado. Y ojalá, de verdad que ojalá que cuando lea esto dentro de pocos meses me de cuenta de que nuevamente estaba equivocada y había solución, pero creo que estoy siendo bastante racional en esta ocasión para saber que no es así, al menos a corto plazo. Que no es como cuando decía "oh dios mío el mundo se acaba, no veo futuro, no sé cómo amanecerá mañana si no está él", aun sabiendo que todo pasaría, aunque no tuviera ni idea del cómo. Esta vez sé lo que hacer y lo hago y aun así no me sirve, aprecio el arco iris, el olor de una flor, una conversación con mi abuela en la terraza, una partida de cartas con mi tío, la alegría del perro al verme, el amanecer como esperanza de una nueva oportunidad... Que no. Que no me funciona. Algún día llegaré a estar bien, ya lo sé, pero no tengo la esperanza de que esta vez sea a corto plazo, y sí creo sinceramente que me va a faltar ilusión por un tubo y por bastante tiempo. La lección que me queda aunque no quiera, es que no quise confiar, y confié y me arriesgué, y salió mal. Todas las futuras ocasiones comenzarán por confiar, y si ya por una vez me negaba, después de esto no invade mi espacio personal NI DIOS.


Y esto lo escribo en un momento de lucidez, porque ya empiezo a sentirme hundida otra vez. Cada día que mi subconsciente también se acuerda de él, me mata para todo el día... Irlanda es un clavo cada vez más ardiendo, porque empiezo a pensar que no me ayudará tanto como creía, y ojalá me equivoque.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Fuiste todo

Eras todo lo que nunca busqué porque no sabía que lo necesitaba, y sin lo que ahora no puedo vivir...

Everything happens too fast, 
now it's a part of my past 
everything changes so fast. 
Stop the clocks forever...


martes, 16 de septiembre de 2014

Soltar...

Me he dado cuenta de que, al menos en este preciso momento, lo que más me entristece no es saber que nunca volveré a estar a su lado, juntos, como pareja. Queriéndonos y haciéndonos felices mutuamente. Lo más triste de todo es que, por mucho que trate de imaginarle, aun lejos, no podré. No en presente. Porque ha cambiado. La esencia, la personalidad, el derroche de optimismo, de alegría, de ganas de vivir, y no por anhelo sino por la propia energía contenida en ese momento y porque ya estaba viviendo con todas sus fuerzas... ha desaparecido. No puedo imaginarle así en otra parte. No está. No se trata de que me eche de menos y quiera volver, de que algún día hablemos y eche de menos no estar con él a su lado, sino de que aunque hable con él, con quien en realidad quiero hablar no estará... No es solo que volviéramos, es que antes tendría que volver él, y ahora comprendo por qué nunca pasará lo primero. No se trata de algo físico: vivir juntos; de una decisión: volver; de un sentimiento: amar. Se trata de ser. Y he vivido personalmente esa experiencia, y comprendo y acepto la decisión de ir a buscarse a sí mismo donde quiera que lo necesite... No justifico las formas y achaques que yo he recibido para ello sin culpa. Lo que me jode es que cuando se vuelva a encontrar, no será a mi a quien busque. Tal vez a mí en otras, como mucho, pero ya no serán mis labios los que acaricien los suyos.

Y como al final de una película, como supuestamente ocurre a alguien que está a punto de morir... yo no hago más que reproducir una sucesión rápida de imágenes, recuerdos, ideas, emociones y sentimientos en mi cabeza: los smooy, el cine, cogerlos de la mano, el primer beso, la gymkhana, la primera noche, la presentación de su casa, las ganas de darle un beso en la subasta, cuando le pinté el ojo, esa tarde antes de ir a natación, la primera tarde después de la piscina cuando subí a su casa, el primer te quiero, los katakrokens, las llamadas de teléfono a casa estando a 10 minutos, por los katakrokens, por una receta o por contarme su fiesta de la noche anterior. Los audios que le acostumbré a mandar, las caminatas con la misma prisa que ganas a su casa, por el medixo, la vez que fue nervioso a buscarme al alsa, la vez que yo le recibi aun más nerviosa a la vuelta de navidades, la primera vez que me llevó en coche y también por eso estaba nervioso, las fotos idiotas, sus mensajes al informer sobre la chica de lugones, cruzar la puerta de la biblio y verle ahí, los sacrificios tontos pero constantes que no vio, como bajar en patines aquella noche hasta la biblio sólo por llevarle pastillas para la cabeza y unos cuantos besos, las pelis en el sofa y quedarme dormida y feliz entre sus brazos, los skype, esa puñetera postal, sus jerbos, navarra, siam y la confianza que me faltó ganarme, sus ojos de mi color favorito, su peca del labio, sus acosos mientras iba al baño, esas duchas, el baño de espuma, Alegría, el tierra astur, ir a caballito por la calle ancha, su "tengo ganas de estar conti" el dia de las novatadas y mi corazon que empezaba a latir mas fuerte, el taxi de aquella noche y la primera vez que supe que hicimos el amor, los cortos por zonas desconocidas como las dos torres, odin y no se que mas... sus banquetes que me preparaba y enseñaba a cocinar, la de veces que llamé al 2ºD, con la bici, empapada, en patines, acalorada, cansada, enfadada, contenta, cargada de cosas... Pero lo más recurrente últimamente, es el beso que le pedí al acabar la subasta, cuando nos íbamos. Cuando empezaba a sentir, cuando todo prometía, cuando me empezaba a atrever... 

Y me pregunto, cuando metí la pata? Porque lo más maravilloso que me ha pasado es lo que me está costando tan caro ahora. Me duele plantearme si mereció la pena, y me duele sin más. Cada día más. Tanto que no lo puedo soportar. Cada vez menos... 

lunes, 15 de septiembre de 2014

Por qué

Y ponerme nerviosa al esperar verte, y saber que lo próximo que haría sería sonreír...

Y recordar cualquiera de nuestros momentos compartidos, y preguntarme por qué coño no quieres estar conmigo, por qué de repente, por qué, y por qué, y por qué... Y estrellar la cabeza contra la mesa porque mientras no lo entienda no lo asumiré y no podré seguir... Y cada vez puedo menos. Y me pregunto por qué si lo he pasado tan mal, si has hecho cosas mal, por qué no soy capaz de darle más peso a eso que a lo demás, y en el fondo sé que es porque lo demás fue increíblemente maravilloso, inesperado e inimaginable antes para mi.

Me veo a mi misma caer sin remedio. Esta vez no hay fuerzas de flaqueza.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Micromomento regalado

Durante la última hora larga, había ido notando cómo mi estado de aflicción iba en aumento. Y en lugar de luchar contra él, me dejaba arrastrar y ya empezaba a leer y mirar cosas, pensar y recordar y darle vueltas a, en definitiva, el pasado...

Pero como por arte de magia, aparece la persona que más me ha entendido siempre, y que más mágico me parece que así sea por la distancia física y temporal que solemos tener, al leernos únicamente por carta cada ciertos meses... Y ahí está, preocupándose por mí con ese cariño que sólo a ella le sale tan espontáneamente y logrando no parecer melosa. Y me habla de ir a visitarme allá a donde voy, y remata diciéndome de telefonear el fin de semana. Y como es algo que nunca antes hacíamos por no romper la tradición de las cartas, me llena de ilusión. Este año la he visto ya en persona y hemos hablado por teléfono dos veces, DOS VECES! Parece tan insignificante comparado con lo que hablo con otras personas... y a la vez con sólo ese poco gana tantísimo... 

Las cosas en su justa medida se valoran mucho más; realmente como son. Y ella es, no sé si mi mejor amiga, pero sí mi amiga más especial. Sólo temo que se rompa la tradición de las cartas. En realidad, temo que si se rompe la tradición de las cartas lo que llegue a romperse sea nuestra amistad. Es lo que nos da la estabilidad.

Pero lo que he venido a contar, es la capacidad y facilidad que tiene y ha tenido siempre para reconfortarme, y lo agradecida que me siento por este micromomento de felicidad que me ha dado, con sonrisas espontáneas incluidas.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Hechos y palabras




"Hola buenas tardes, días o noches porque no sé a qué hora puede llegar esta postalica Navarrica.

Esta ha sido la elegida (la postal) para que empieces a asumir que en pocos meses vas a estar en todo el medio (donde el balón de KELER) :) Te echo tanto de menos... aunque estemos lejos siempre estoy hablando de ti, pensando en ti y con ganas de hacer mil cosas juntos así que... PREPÁRATE!! Pero lo más importante es que... DÉJAME EN PAZ!!! DÉJAME VIVIR!!!

Te quiero mucho mi vida y recuerda que tan grande es la distancia, más grande es lo que te quiero. Pronto nos vemos!!

Pila muxu aundi bat!

Te quiero, (...)".

martes, 2 de septiembre de 2014

Órdago a la felicidad

Y haces all in. Y sólo por ese instante en que crees que podrías ganar todo lo que un día tuviste, sabes que ha merecido la pena el riesgo. Porque no te valen las medias tintas, porque nada te hará feliz salvo tenerlo todo, y sabes el alto precio que vas a pagar si pierdes, pero también sabes que no hacerlo sería una hipoteca de por vida de todas formas, aunque el precio a pagar fuera más paulatino. Lo diste todo, lo hiciste de la mejor manera que pudiste y supiste, y perdiste. No es culpa tuya. Sí, podías haber hecho más, pero no, no habría servido para nada, porque él ya había alcanzado su tope con mucho menos por tu parte.

Porque cuando has vivido la felicidad plena, no te conformas con menos. Y porque apostar por esa felicidad hace que merezca la pena el riesgo y el esfuerzo. Porque, ¿por qué no? ¿Desde cuándo no intentar ser feliz merece la pena?

Y yo creo que la felicidad debe ser compartida. Creo que hemos nacido para formar una familia, y por eso creo que la principal meta en la vida es encontrar el amor. Un trabajo que te llene para poder volver a casa a amar a esa persona, unas amistades que te saquen de tu nido de amor para cambiar de aires, y hacer las tonterías con los tontos de siempre. Una familia precedente con la que cenar en navidad y visitar de vez en cuando, o mantener conversaciones telefónicas preguntando por recetas caseras. Pero que cuando cuelgues el teléfono, retomes la conversación con él, que estaba ahí detrás rondándote, tan loco por ti como el primer día. Ese es mi objetivo en la vida. Ese era mi objetivo en la vida. No me veo con fuerzas para volver a amar así a nadie, ni creo poder encontrar a nadie más afín a mi persona perfecta. Que me haga temblar las manos con solo verle acercarse a mí, que me traspase con la mirada de esa manera, y que dentro de su abrazo me sienta protegida ante cualquier catástrofe natural. Que me haga reir como una loca, y sonreir cada mañana por tenerle en mi vida. No puedo seguir...