Durante la última hora larga, había ido notando cómo mi estado de aflicción iba en aumento. Y en lugar de luchar contra él, me dejaba arrastrar y ya empezaba a leer y mirar cosas, pensar y recordar y darle vueltas a, en definitiva, el pasado...
Pero como por arte de magia, aparece la persona que más me ha entendido siempre, y que más mágico me parece que así sea por la distancia física y temporal que solemos tener, al leernos únicamente por carta cada ciertos meses... Y ahí está, preocupándose por mí con ese cariño que sólo a ella le sale tan espontáneamente y logrando no parecer melosa. Y me habla de ir a visitarme allá a donde voy, y remata diciéndome de telefonear el fin de semana. Y como es algo que nunca antes hacíamos por no romper la tradición de las cartas, me llena de ilusión. Este año la he visto ya en persona y hemos hablado por teléfono dos veces, DOS VECES! Parece tan insignificante comparado con lo que hablo con otras personas... y a la vez con sólo ese poco gana tantísimo...
Las cosas en su justa medida se valoran mucho más; realmente como son. Y ella es, no sé si mi mejor amiga, pero sí mi amiga más especial. Sólo temo que se rompa la tradición de las cartas. En realidad, temo que si se rompe la tradición de las cartas lo que llegue a romperse sea nuestra amistad. Es lo que nos da la estabilidad.
Pero lo que he venido a contar, es la capacidad y facilidad que tiene y ha tenido siempre para reconfortarme, y lo agradecida que me siento por este micromomento de felicidad que me ha dado, con sonrisas espontáneas incluidas.
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