Y ponerme nerviosa al esperar verte, y saber que lo próximo que haría sería sonreír...
Y recordar cualquiera de nuestros momentos compartidos, y preguntarme por qué coño no quieres estar conmigo, por qué de repente, por qué, y por qué, y por qué... Y estrellar la cabeza contra la mesa porque mientras no lo entienda no lo asumiré y no podré seguir... Y cada vez puedo menos. Y me pregunto por qué si lo he pasado tan mal, si has hecho cosas mal, por qué no soy capaz de darle más peso a eso que a lo demás, y en el fondo sé que es porque lo demás fue increíblemente maravilloso, inesperado e inimaginable antes para mi.
Me veo a mi misma caer sin remedio. Esta vez no hay fuerzas de flaqueza.
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