martes, 16 de septiembre de 2014

Soltar...

Me he dado cuenta de que, al menos en este preciso momento, lo que más me entristece no es saber que nunca volveré a estar a su lado, juntos, como pareja. Queriéndonos y haciéndonos felices mutuamente. Lo más triste de todo es que, por mucho que trate de imaginarle, aun lejos, no podré. No en presente. Porque ha cambiado. La esencia, la personalidad, el derroche de optimismo, de alegría, de ganas de vivir, y no por anhelo sino por la propia energía contenida en ese momento y porque ya estaba viviendo con todas sus fuerzas... ha desaparecido. No puedo imaginarle así en otra parte. No está. No se trata de que me eche de menos y quiera volver, de que algún día hablemos y eche de menos no estar con él a su lado, sino de que aunque hable con él, con quien en realidad quiero hablar no estará... No es solo que volviéramos, es que antes tendría que volver él, y ahora comprendo por qué nunca pasará lo primero. No se trata de algo físico: vivir juntos; de una decisión: volver; de un sentimiento: amar. Se trata de ser. Y he vivido personalmente esa experiencia, y comprendo y acepto la decisión de ir a buscarse a sí mismo donde quiera que lo necesite... No justifico las formas y achaques que yo he recibido para ello sin culpa. Lo que me jode es que cuando se vuelva a encontrar, no será a mi a quien busque. Tal vez a mí en otras, como mucho, pero ya no serán mis labios los que acaricien los suyos.

Y como al final de una película, como supuestamente ocurre a alguien que está a punto de morir... yo no hago más que reproducir una sucesión rápida de imágenes, recuerdos, ideas, emociones y sentimientos en mi cabeza: los smooy, el cine, cogerlos de la mano, el primer beso, la gymkhana, la primera noche, la presentación de su casa, las ganas de darle un beso en la subasta, cuando le pinté el ojo, esa tarde antes de ir a natación, la primera tarde después de la piscina cuando subí a su casa, el primer te quiero, los katakrokens, las llamadas de teléfono a casa estando a 10 minutos, por los katakrokens, por una receta o por contarme su fiesta de la noche anterior. Los audios que le acostumbré a mandar, las caminatas con la misma prisa que ganas a su casa, por el medixo, la vez que fue nervioso a buscarme al alsa, la vez que yo le recibi aun más nerviosa a la vuelta de navidades, la primera vez que me llevó en coche y también por eso estaba nervioso, las fotos idiotas, sus mensajes al informer sobre la chica de lugones, cruzar la puerta de la biblio y verle ahí, los sacrificios tontos pero constantes que no vio, como bajar en patines aquella noche hasta la biblio sólo por llevarle pastillas para la cabeza y unos cuantos besos, las pelis en el sofa y quedarme dormida y feliz entre sus brazos, los skype, esa puñetera postal, sus jerbos, navarra, siam y la confianza que me faltó ganarme, sus ojos de mi color favorito, su peca del labio, sus acosos mientras iba al baño, esas duchas, el baño de espuma, Alegría, el tierra astur, ir a caballito por la calle ancha, su "tengo ganas de estar conti" el dia de las novatadas y mi corazon que empezaba a latir mas fuerte, el taxi de aquella noche y la primera vez que supe que hicimos el amor, los cortos por zonas desconocidas como las dos torres, odin y no se que mas... sus banquetes que me preparaba y enseñaba a cocinar, la de veces que llamé al 2ºD, con la bici, empapada, en patines, acalorada, cansada, enfadada, contenta, cargada de cosas... Pero lo más recurrente últimamente, es el beso que le pedí al acabar la subasta, cuando nos íbamos. Cuando empezaba a sentir, cuando todo prometía, cuando me empezaba a atrever... 

Y me pregunto, cuando metí la pata? Porque lo más maravilloso que me ha pasado es lo que me está costando tan caro ahora. Me duele plantearme si mereció la pena, y me duele sin más. Cada día más. Tanto que no lo puedo soportar. Cada vez menos... 

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