En cambio, puedo sentirme feliz porque, pese a poder considerarme muy joven, he vivido grandes cosas: me he enamorado hasta las trancas y he amado más de lo que jamás creí que podría llegar a hacerlo. He perdido y he logrado levantarme de un salto, rehaciendo mi vida, reencontrando esa otra forma de felicidad y, sobre todo, reencontrándome a mí misma. He tenido otras grandes decepciones con personas que consideraba importantes en mi vida, y a las que había empezado a abrirles un hueco en mi corazón. He sufrido pérdidas y traiciones. Y de cada uno de esos baches he aprendido valiosas lecciones que me han ayudado a crecer en ese otro sentido, y a darle cada vez más importancia a lo bueno y menos a lo malo. He aprendido a distinguir con quién puedo contar y con quién no, y tenido la fortuna de haber dispuesto de ese apoyo cuando lo he necesitado, así como yo lo he dado de forma incondicional en otras ocasiones.
Dicen que la verdadera familia es la que eliges en la vida,
y no aquella de la que vienes. Por suerte, yo pude elegir aquella de la que
vengo, porque está llena de gente que me quiere y a la que quiero, y de la que
me siento afortunada. Pero por otro lado
tengo también a esa otra familia que escoges, esa en la que no corre la misma
sangre, pero sí los mismos sentimientos.
He dado mucho más que recibido a
personas que tal vez no lo merecían. He participado en donaciones, dado
limosnas y dejado propinas. He querido más a mi perro y a mi caballo que a
muchas de las personas que he conocido. Me han tildado de borde en incontables
ocasiones, en otras se han quedado conmigo, y otras tantas me han criticado. Así
que, ¿cómo podría decir que no he vivido lo suficiente? Para bien y para mal,
porque nunca llueve a gusto de todos, he dejado mi huella, y no cambiaría nada
de lo que soy por satisfacer a nadie a quien le disguste. He pasado de ser una
niña que pensaba que cuando llegabas a bachiller eras mayor, a darme cuenta de
que nunca dejas de crecer; he ido cambiando y siendo cada vez más consciente de
la formación de mi personalidad. He sido testigo de mi propio cambio, y estoy
satisfecha conmigo misma.
No sé que pasará mañana pero, si
muriera hoy, me daría con un canto en los dientes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario