Me siento vacia.
Hace tiempo que aprendí a apreciar esos momentos que después ves en fotografías y dices: tendría que haberlo disfrutado más, ser consciente de lo importante que era en ese preciso momento. Ahora soy capaz de vivir esas emociones siendo consciente de ellas, lo que me hace disfrutarlas doblemente. De igual manera, no hace tanto, aprendí a percibir los momentos en los que pierdes el tiempo, cuando después mira atrás y dices: ahí tendría que haberme dado cuenta de que tenía que aprovecharlo. Pues ahora también soy capaz de ver eso. Soy capaz de ver cómo me siento de vacía, que ahora mismo sale el sol entre todos los nubarrones que hay, y podría coger la bici e irme a dar una vuelta yo sola porque, todo el tiempo que iba a estar aquí muerta del asco, se esfuma. Porque tal vez en dos semanas esté cogiendo un vuelo de sólo ida, dejando atrás de nuevo a mi familia, pero en esta ocasión también mi bici, a Estelo, mi pequeña libertad alone... para cambiar de aires, eso sí, pero no para disfrutar plenamente de lo que es vivir independientemente. Allá donde vaya no puedo pretender encontrar León, con todo lo que ello implicaba. Eso nunca volverá.
Pero si hoy he venido a escribir aquí es por el vacío que siento. Por la frase que se me repite en la cabeza cada vez que veo una pareja hacer planes sencillos y seguir adelante: "con lo fácil que sería...". Ya no es tanto el "y si..." como la simple pregunta "¿por qué?". Es imposible no sentirse infravalorada y con la autoestima por los suelos cuando el motivo, si es que yo he generado alguno, para que todo esto se rompiera, fue tratar de no perder a esa persona. Que nunca se me ha podido tachar de pasar de la relación, de mirar sólo por mi, de no tener en cuenta a la otra persona... porque siempre peco de hacer todo lo contrario.
Y busco y busco, y por más que intento encontrar aquello que de verdad quiero hacer, ninguna de esas cosas me encaja en la mente a la perfección, como cuando tratas de recordar el nombre de alguien y sólo se te vienen algunos parecidos y no te acaban de convencer, porque lo único que me convencería sería estar con él. Contarle mis días, escuchar sus bromas, sus mensajes cuando vuelve de fiesta a casa, sus buenos días y sus buenas noches, sus fotos y vídeos haciendo el mongol, el sonido de skype que ya no puedo asociar a él, y la emoción que no he llegado a vivir de comprar los billetes y montarme sola en ese tren para ir a verle.
Sufrir por la distancia de un amor correspondido no es ni comparable a saber que nunca le volveré a ver por falta de sus ganas... Que nadie me diga que no compensa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario