martes, 27 de diciembre de 2011

Volver a nacer


Voy a ponerme todos los días a contar el dinero junto a esa escalera, a ver si vuelve a darme un beso como aquel...
Creo que lo de que volvemos a nacer tiene que ver con los hechos que nos detienen el corazón. Nos quedamos sin respiración, el tiempo se detiene, y ya puede caerse el mundo a cachos, porque no nos vamos a enterar de nada más. Imagínate, pararte junto a la escalera mecánica para poder apoyarte en la barandilla a contar el dinero que con suerte no te has gastado en las rebajas, hablando de tus cábalas en voz alta, y pum! Algo pasa, y antes de que te des cuenta ya no estás hablando, sólo puedes sujetar con fuerza la cartera aún abierta para que no se aprovechen de tu debilidad y te lo roben todo. Todo menos el corazón, porque ese ahora mismo no vale nada estando parado, impresionado por esa reacción que en una milésima de segundo ha hecho que ese loco que tenías al lado te besara sin razón aparente, pero poniendo el alma en ello. Y el punto sobre la i es cuando te roza la mejilla suavemente con su mano y eso basta para sostenerte y que no te de un patatús ahí mismo. Y ahí está el punto de inflexión, cuando la gente que se había quedado congelada vuelve a andar y a charlar con quien llevaban al lado, entran y salen de las tiendas, continúan con sus compras o con prisa hacia algún lugar. Pero aunque no te estén besando ya, tú sigues sin habla, y es que la respiración tarda un poquito más en volver que el corazón a su latir. Cuando podemos volver a hablar, hemos nacido de nuevo, como un bebé recién salido del vientre de su madre, de esos a los que le cuesta un poquito arrancar a llorar. Bienvenido a la vida, una vez más =)



Cada cual en su lugar

De vez en cuando conviene recordar quién es el verdadero diablo... no se le vaya a ocurrir a confundirme con sus tretas otra vez.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Mala sangre

Es como cualquier otro ciclo: poco a poco te vas cargando de malas impresiones, te viene a la cabeza algún que otro recuerdo amargo del pasado, te vas alimentando de malos pensamientos, de deseos de venganza, de herir a quien te hirió, de hacer daño por encima de todo... Y poco a poco te vas olvidando de en qué momento de tu vida estás, y qué lugar tan afortunado ocupas en ella. Pierdes la noción del tiempo y llegas a convencerte de que tienes que odiar a todas esas personas, y sobre todo a una en particular. Llegas a odiar a quien quieres y, sobre todo, a quien ahora, en el presente, te quiere a ti y sólo a ti, y entonces... ¿de quién quieres vengarte? ¿De un fantasma del pasado? ¿De alguien que, en realidad, no te ha hecho nada? ¿De alguien que por causas del destino tuvo que ocupar el lugar más odiado por ti? Odias aquella situación, la odiaste, y a todos los personajes de aquella historia. Pero YA BASTA. Estás aquí y ahora, ya ha pasado. Si te quieres permitir el lujo de recordarlo, al menos hazlo sabiendo que tuvo que ser así para que tú ahora seas feliz, que tal vez todos actuasteis mal, unos más que otros, y que todos lo habéis pasado mal, y que el final malo de la historia no te correspondió a ti, sino a quien ahora estás odiando innecesariamente. Y todavía ahora te alegras de que en su momento lo haya pasado mal... Eso es de mala persona. Tal vez no te hayas dado cuenta, pero la guerra es sólo entre tú y tú misma. Haz las paces, lo primero de todo, contigo misma. Quiérete, y te querrán. Sé feliz, y haz que todos quieran serlo contigo. Y alimenta el amor que te dan para que no se marchite. No olvides lo tuyo por preocuparte de lo de los demás, y mucho menos del pasado de los demás. Eso nunca te ha concernido, y menos ahora. 

Vive, y deja vivir. Pero sobre todo vive, no sea que dentro de un tiempo tengas que odiar a quien estuvo más avispada que tú, y te arrebató lo que tenías por pensar en lo que alguna vez no tuviste, y tal vez ya tampoco...


sábado, 24 de diciembre de 2011

Navidad

Sigo sin entender por qué me deprime tanto, cuando se supone que son unas fechas de alegría y felicidad, y sobre todo, si a él le hacen ilusión, esa que por mi culpa se le está quitando. Y me preguntaba por qué Bella era tan tonta de no querer celebrar el cumpleaños o ilusionarse con el primer amor. Empiezo a entenderla, aunque no me guste ser así. Pero, ¿cómo puedo cambiar algo que, aunque sé que no me gusta, no puedo forzar? Es odioso vivir con uno mismo cuando tu propio "yo" no te cae bien... Y como siempre dicen, si no te quieres a ti mismo, ¿por qué los demás deberían quererte?

viernes, 23 de diciembre de 2011

Detalles, quiero detalles

Todo el tiempo deseando ver detalles, anhelando que tuviera algún detalle conmigo, como los que tenía o al menos hacía intención de tener antes. Pero ahora me doy cuenta de que no quiero los detalles en sí, sino que quiero que los tenga porque son la más clara muestra de aprecio que se puede tener con la persona a la que amas. Son los hechos que esperamos detrás de las palabras. Es lo que queremos como prueba de un te quiero. 


Y hace mucho que no veo verdaderos detalles, esos que salen del alma y no del esfuerzo de tener que hacerlos...

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Cumpleaños feliz



Escuchar un "felicidades amor" susurrado al oído, sentir un beso en la mejilla. Dormir abrazada a la persona que te sostiene en pie cada día, despertarte y que te traiga el desayuno a la cama, con esa carita que te comerías a besos y achuchones. Llegar a la facultad y que la gente no sólo te felicite, sino que se tome la molestia de acercarse a darte dos besos. Ser invitada por sorpresa a comer a una pizzería, escuchando desde "Sweet child of mine" hasta "Vamos juntos hasta Italia". Recibir un montón de felicitaciones a lo largo del día, unas más especiales que otras. Encontrar bombones y unos claveles sobre la cama, y un poco más tarde, un libro bajo tu almohada. Hacer el amor, en silencio, cautos y presos de la pasión y el deseo de ese momento. Encontrar un beso y un abrazo cada momento en que te apetezca. Cenar y que te espere una tarta con las velas puestas y encendidas, soplarlas y, un rato más tarde, volver a acurrucarte junto a él bajo las mantas.

No hace falta que salga el sol, ni ir a ningún sitio en especial, para tener un muy especial día de cumpleaños. 

sábado, 10 de diciembre de 2011

Estrés.


Tristeza, depresión, ansiedad, rabia, enfado, enfermedad, insomnio, crisis, desesperación, cansancio... ¿Cuántas y cuáles son realmente las consecuencias del estrés?

Vas a tener que hacerlo igual. No inspires hondo si eso te hace pensar que lo haces porque necesitas relajarte. Coge una agenda y escribe, coge tu diario y escribe. Y ahora sigue la agenda hasta que, cuando te des cuenta, ya estés inspirando hondo y algo más relajada.


El estrés es una forma de afrontar los problemas queriendo huir de ellos. Es el acto reflejo de la rodilla, es la risa que reacciona a las cosquillas. Pero la rodilla vuelve a descender, y en algún momento las cosquillas paran, y es en ese momento cuando más disfrutamos. Entonces, ¿no merece la pena que nos hagan cosquillas? Sin malos ratos no disfrutaríamos tanto de los buenos. Sin situaciones de estrés no desearíamos ni disfrutaríamos tanto del relax que nos ofrece el spa, o simplemente tirarnos en la cama. Estresémonos, que luego viene lo mejor. Tomémoslo como un subidón de adrenalina. Grita, y verás.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Ojalá...


Pequeños, tontos, y poco originales detalles que siempre anhelaré porque, como detalles que son, nunca los podré pedir.

Desconexión


Es increíble cómo una simple imagen puede evocarme tantos recuerdos. Recuerdos que no son cualesquiera, sino esos recuerdos. Recuerdos del verano del amor, el primer verano de dos tontos locamente enamorados, un verano y unos meses que nunca jamás podremos recuperar ni repetir, porque la magia del principio es así considerada por su brevedad e intensidad.

Ahora sólo puedo recordar aquello con anhelo y una sonrisa en la cara, en cierto modo nostálgica, porque me gustaría encerrarme en aquellos momentos y no salir nunca de ellos, pero feliz porque he tenido la oportunidad de vivirlo plenamente, y porque sé a ciencia cierta que nadie me podrá arrebatar esos maravillosos recuerdos. Feliz también porque, aunque ya no con la misma pasión, sigo ampliando la estela de esa historia junto a la persona que me enseñó a amar, y de qué modo, y que a día de hoy me sigue amando.

Pero el motivo de esta entrada es otro, la imagen se repite por el significado de su mismo título: desconexión. Vuelvo de un retiro de no demasiadas horas, pero sí con una noche de por medio, con esa persona tan especial, donde incluso olvidé el cumpleaños de mi mejor amiga, mi compañera en el viaje de la vida y también mi prima. Tuve que abandonar aquel lugar sobre las nubes, para bajar a tierra y volver a ser consciente del tiempo, de los días y las noches, en definitiva, de lo que sucede en el mundo a mi alrededor. Y es que no existen las horas a su lado, cada una de ellas se pasa en una sola inspiración. Creo que seríamos aún más codiciosos si la moneda de cambio fuese el tiempo porque, en realidad, es lo único que no se puede comprar. 

Qué sensación aquella, sobre la que ya he escrito con anterioridad. No tengo nada que hacer y tampoco quiero hacer nada, la ausencia de deseo y el placer que evoca ese pequeño gran disfrute... Saber que dispones del día, del anochecer, de la noche entera, del amanecer y del día siguiente para contemplar su rostro, para acurrucarte entre sus brazos, para besarle, para hacerle cosquillas, para disfrutar de su risa y, aún más bella, su sonrisa. Para compartir anécdotas absurdas y reír al unísono, para saber que no hay nada en ese momento que te pueda hacer enfadar... para sentir ganas de llorar por ser tan afortunada. Retiro espiritual en la mejor compañía, renovar y purificar el alma como si nunca antes te hubiera ocurrido nada malo, y salir de allí sintiéndote un ángel por la cantidad de buenas intenciones de que vas cargada. Ganas de plasmar todo eso que sientes en una y otra, y otra fotografía, y sentirte tal vez algo decepcionada cuando miras cada foto que haces, y te das cuenta de que no sale como te gustaría. No se trata del encuadre, de la luz, o de que no seamos fotogénicos. Lo que ocurre es que los sentimientos no pueden ser fotografiados. Por eso son tan valiosos, porque sólo aquel que los siente puede saber cómo son. Y que no trate de explicárselos al mundo.

Me siento afortunada de haber sentido tanto en tan poco tiempo, una vez más.

jueves, 8 de diciembre de 2011

La razón de mi existencia.

- Poniendo estrellitas para puntuar... ¿lo haces con todo? 
- No, sólo con los libros. Ni con la comida, ni los días, ni contigo. 
Contigo sobre todo, igual agotaría la tinta de los bolis y los árboles
convertidos en papel.