Voy a ponerme todos los días a contar el dinero junto a esa escalera, a ver
si vuelve a darme un beso como aquel...
Creo que lo de que volvemos a nacer tiene que ver con los hechos que nos detienen el corazón. Nos quedamos sin respiración, el tiempo se detiene, y ya puede caerse el mundo a cachos, porque no nos vamos a enterar de nada más. Imagínate, pararte junto a la escalera mecánica para poder apoyarte en la barandilla a contar el dinero que con suerte no te has gastado en las rebajas, hablando de tus cábalas en voz alta, y pum! Algo pasa, y antes de que te des cuenta ya no estás hablando, sólo puedes sujetar con fuerza la cartera aún abierta para que no se aprovechen de tu debilidad y te lo roben todo. Todo menos el corazón, porque ese ahora mismo no vale nada estando parado, impresionado por esa reacción que en una milésima de segundo ha hecho que ese loco que tenías al lado te besara sin razón aparente, pero poniendo el alma en ello. Y el punto sobre la i es cuando te roza la mejilla suavemente con su mano y eso basta para sostenerte y que no te de un patatús ahí mismo. Y ahí está el punto de inflexión, cuando la gente que se había quedado congelada vuelve a andar y a charlar con quien llevaban al lado, entran y salen de las tiendas, continúan con sus compras o con prisa hacia algún lugar. Pero aunque no te estén besando ya, tú sigues sin habla, y es que la respiración tarda un poquito más en volver que el corazón a su latir. Cuando podemos volver a hablar, hemos nacido de nuevo, como un bebé recién salido del vientre de su madre, de esos a los que le cuesta un poquito arrancar a llorar. Bienvenido a la vida, una vez más =)
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