Es como cualquier otro ciclo: poco a poco te vas cargando de malas impresiones, te viene a la cabeza algún que otro recuerdo amargo del pasado, te vas alimentando de malos pensamientos, de deseos de venganza, de herir a quien te hirió, de hacer daño por encima de todo... Y poco a poco te vas olvidando de en qué momento de tu vida estás, y qué lugar tan afortunado ocupas en ella. Pierdes la noción del tiempo y llegas a convencerte de que tienes que odiar a todas esas personas, y sobre todo a una en particular. Llegas a odiar a quien quieres y, sobre todo, a quien ahora, en el presente, te quiere a ti y sólo a ti, y entonces... ¿de quién quieres vengarte? ¿De un fantasma del pasado? ¿De alguien que, en realidad, no te ha hecho nada? ¿De alguien que por causas del destino tuvo que ocupar el lugar más odiado por ti? Odias aquella situación, la odiaste, y a todos los personajes de aquella historia. Pero YA BASTA. Estás aquí y ahora, ya ha pasado. Si te quieres permitir el lujo de recordarlo, al menos hazlo sabiendo que tuvo que ser así para que tú ahora seas feliz, que tal vez todos actuasteis mal, unos más que otros, y que todos lo habéis pasado mal, y que el final malo de la historia no te correspondió a ti, sino a quien ahora estás odiando innecesariamente. Y todavía ahora te alegras de que en su momento lo haya pasado mal... Eso es de mala persona. Tal vez no te hayas dado cuenta, pero la guerra es sólo entre tú y tú misma. Haz las paces, lo primero de todo, contigo misma. Quiérete, y te querrán. Sé feliz, y haz que todos quieran serlo contigo. Y alimenta el amor que te dan para que no se marchite. No olvides lo tuyo por preocuparte de lo de los demás, y mucho menos del pasado de los demás. Eso nunca te ha concernido, y menos ahora.
Vive, y deja vivir. Pero sobre todo vive, no sea que dentro de un tiempo tengas que odiar a quien estuvo más avispada que tú, y te arrebató lo que tenías por pensar en lo que alguna vez no tuviste, y tal vez ya tampoco...
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