Escuchar un "felicidades amor" susurrado al oído, sentir un beso en la mejilla. Dormir abrazada a la persona que te sostiene en pie cada día, despertarte y que te traiga el desayuno a la cama, con esa carita que te comerías a besos y achuchones. Llegar a la facultad y que la gente no sólo te felicite, sino que se tome la molestia de acercarse a darte dos besos. Ser invitada por sorpresa a comer a una pizzería, escuchando desde "Sweet child of mine" hasta "Vamos juntos hasta Italia". Recibir un montón de felicitaciones a lo largo del día, unas más especiales que otras. Encontrar bombones y unos claveles sobre la cama, y un poco más tarde, un libro bajo tu almohada. Hacer el amor, en silencio, cautos y presos de la pasión y el deseo de ese momento. Encontrar un beso y un abrazo cada momento en que te apetezca. Cenar y que te espere una tarta con las velas puestas y encendidas, soplarlas y, un rato más tarde, volver a acurrucarte junto a él bajo las mantas.
No hace falta que salga el sol, ni ir a ningún sitio en especial, para tener un muy especial día de cumpleaños.

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