lunes, 23 de diciembre de 2013

Sólo pido...

Sólo pido que, por favor, esto siga siendo una línea recta, todo lo inclinada que quiera porque ya no temo en absoluto lo lejos y rápido que pueda ir esto. Lo que pido es que no me haga daño. Porque no puedo amar sin exponerme y eso me hace vulnerable, cada vez más. Y es maravilloso abrir de par en par las puertas del corazón y sentir lo increíble que es el amor correspondido cuando se está realmente enamorado, pero es terrible cuando ello tiene la consecuencia contraria.

Amar es un órdago a que todo salga bien. Amar, amar de verdad, es no albergar la posibilidad de un resultado nefasto que, por el contrario, tarde o temprano acaba llegando.

Que sólo me haga llorar de felicidad. Que no me haga daño.

Que merezca la pena.

sábado, 14 de diciembre de 2013

In crescendo

Cuando creía que ya lo había conseguido, que ya había alcanzado ese nivel de estabilidad emocional que me permitiría disfrutar de esta nueva etapa, no dejo de sorprenderme. Porque cada día de entre estos últimos me digo a mí misma: ahora sí que sí. Y al día siguiente lo siento más, y más, y aún mucho más... Y no sé dónde está el límite, porque desde entonces no he vivido dos días al mismo nivel. Estoy alucinando. Estoy tan enamorada que creo que había olvidado lo que era esta sensación. Para aquellos que dicen que no hay un amor como el primero, que nunca volverás a sentir lo mismo aunque seas capaz de volver a amar... Una patada en el culo a cada uno le daba. Se equivocan y de qué manera. O lo mismo es que soy muy afortunada de estar viviendo esto al 200% y subiendo, pero lo cierto es que para nada, hace ya dos meses, creí que sería capaz de llegar hasta aquí simplemente dejándome llevar. Está claro que no las tenía todas conmigo, y está claro también que subestimé todo esto.

Si hay algo de lo que estaba segura, es de que esta vez lo llevaría con mucha cabeza, que no me dejaría llevar, o mejor dicho arrastrar, de tal forma que perdiera mi integridad y capacidad de decisión, mis planes de futuro y mi independencia emocional... Pero es imposible no querer estar a su lado cada día, no temer qué pasará el año que viene después de estar viviendo una situación tan perfecta, no ceder y adaptarme a él, y no caer rendida a sus pies cuando llevaba un mes planeando mi mejor cumpleaños. Porque cuando alguien da más que todo por ti, y le quieres tanto, es imposible no quererle más aún. Porque es increíble que alguien con quien llevas tan poco tiempo parezca conocerte mejor que tú misma, conocer esos detalles tontos que te encantan y que parecía que no dabas a entender, hasta el punto de que sea él quien te descubra que algo te encanta y ni siquiera lo sabías, como es el caso de las dichosas Chips Ahoy. Me pone la piel de gallina, me enternece y hace que se me caiga la baba y me emborrache de amor por él.

Me lo comería a besos sin descanso.


sábado, 2 de noviembre de 2013

Derribando muros

Si lo sientes, lo sabes. Si dudas, es que tal vez no lo sientas realmente. Al menos por ahora. Entonces, ¿por qué en unas ocasiones lo veo tan claro que tengo que contener las ganas de gritarlo, de soltarlo, de decírselo una y otra vez, y otras, en cambio, dudo hasta de mi nombre?

Tal vez se trate de todos y cada uno de esos pequeños o no tan pequeños y hasta entonces aparentemente inexistentes traumas que, al fin y al cabo, no han hecho sino complicarme en cada paso que casi inconscientemente he comenzado a dar y ahora quiero hasta convertirlos en zancadas en esa dirección a la que antes evitaba tan siquiera mirar. Hace tiempo cerré una puerta con llave y me la tragué. Empecé a abrir ventanas y la metáfora se me fue de las manos, porque la puerta que cierras no es sino una parte de tu vida, que no una etapa, y tarde o temprano quieres volver a abrirla. Lo que había cerrado era, sencillamente, mi corazón. Y claro, con tanto ventanal y buenas vistas, ¿quién quiere volver a complicarse la vida con el portón? "Ya habrá tiempo de abrirlo", me decía... Pero cuando cada vez con más frecuencia oyes al otro lado cómo llaman y quieren entrar, y sin ver lo que está al otro lado ya casi te parece mejor que lo que ves con tus propios ojos por las ventanas... llega un momento en que es inevitable no querer abrir la puerta y dejarse de tonterías. Pero esa llave que te tragaste al final acaba haciendo daño. Cuesta deshacerse de ella y más aún cambiar la cerradura. 

Pero me voy a dejar de metáforas. Cuesta volver a querer, o bien cuesta querer sin traumas, sin recuerdos... sin temores, al fin y al cabo. Cuesta darte cuenta de que quieres, que quieres querer, y que con tanto pájaro y miedo en la cabeza acabas por no ver lo fácil y evidente: un montón de piedras en un camino lo más recto y sencillo posible. Un paso adelante, y tres hacia atrás. Y acabas por no saber qué coño estás haciendo, por qué te complicas tanto. Las dudas te comen, los rencores pasados crecen, y acabas por odiarte a ti misma. Pero llega un momento de esos de debilidad, en los que los sentimientos se ponen a flor de piel y no puedes contenerte más, te dejas llevar y ya está. Si te sale, es por algo. "Te quiero". Y lo sientes aún más cuando lo has dicho. Y entonces parece que todo cambia. Pero sigues acojonada y no sabes qué estás haciendo ni por qué. Es como el montaje de rítmica. Tú sal al tapiz y cómetelo. Sabes lo que quieres y tienes que hacer, pues no pienses y déjate llevar. Sólo cuando lo haces, al final, te sientes completa. La primera vez no sabes ni lo que has hecho, pero las siguientes veces vas siendo consciente... y aprendes a disfrutar de cada uno de esos momentos que son un puto regalo del cielo. Y te relajas. "Te quiero". Y esta vez ha sido tan fácil que por fin vuelve la sonrisa estúpida y genial a la cara, la mirada se te ilumina, y las mariposas retornan a su lugar. 

De pronto, adoro sentirme enamorada. Lo que hace un par de semanas no quería ni oir ni pensar. Nunca dejo de repetirme en la cabeza la frase de aquel profesor de religión: "cuando quieres, quieres querer". Me reconforta pensar que es así. Y quiero aprovechar cada minuto de esta oportunidad. Creo en el karma y creo que esta es una recompensa que me ha venido demasiado pronto, pero que no pienso desperdiciar. Cada vez lo veo más fácil, y deseo necesitar el menor tiempo posible para que los dos nos podamos dejar llevar a ciegas, sin temores, sin katakrokens... 

En cada paso de mi vida me sorprendo y aprendo un poco más de mí misma, de cómo soy y cómo debo actuar acorde conmigo. No sabía de esta parte tan chiflada mía, pero hay que conocerse para avanzar. Es el encanto de crecer como persona. Ahora ya me estoy aceptando y aprendiendo a manejar... Y asimilando lo que nunca me había costado tanto. Y sonriendo al pensarlo. 

Ese miedo a perderme ha desaparecido, ahora sólo tengo miedo de no estar a su altura... pero confío en mi. Confío en mi porque él confía en mi y yo confío en él. 

Dos naranjas enteras.


lunes, 28 de octubre de 2013

Miradas que acarician.

Una mirada que va más allá del simple hecho de mirarte, de observarte. Una mirada que no sólo te comunica una idea o mensaje mientras sus ojos conectan con los suyos. Una mirada que no sólo es capaz de transmitirte lo que en ese momento está pensando. Incluso lo que está sintiendo. Una mirada que te hace sentir lo que siente y algo más propio y particular. Una mirada que no sólo te recorre y te hace removerte inquieta en la silla porque no te cabe dentro tanto transmitido, tanto despertado en tu interior con sólo mirarte así... Descubriéndote, haciéndote saber lo que siente por ti y haciéndote ser consciente de todo lo que sientes, podrías y llegarás a sentir por él. Una mirada que te desnuda y llega hasta lo más profundo de tu ser. Una mirada que te toca, que te roza, que te acaricia; con la suavidad de los rayos de sol en verano, de la cálida brisa del mediodía, de las sábanas de la cama abrazándote cada mañana para que no la abandones. Una mirada que en sí misma te abraza, te envuelve dentro y no te deja escapar, te hace no querer escapar. Una mirada que te atrapa, que te desnuda el alma. Una mirada que te hace el amor. 

El poder de la mirada es tal, que podría no haber habido ningún intercambio de palabras, ninguna sonrisa tonta, cómplice o traicionera y delatadora. Ningún irresistible olor a su colonia en el cuello. Ninguna caricia o abrazo. Ningún roce de narices. Ningún beso. Con tan sólo mirarme me ha saludado, hablado, mimado, transmitido, abrazado, besado y... amado. Suena muy fuerte, tal vez no en sentido tal literal, pero es que hablo muy en serio: me ha hecho el amor con la mirada. Y es algo que espero no olvide jamás. Porque adoro sus ojos, y ahora me miran... 

domingo, 15 de septiembre de 2013

Randú

Soy feliz. Soy muy feliz y me doy cuenta de ello a cada momento, lo que me hace aun mas feliz de poder disfrutar cada aliento.
 
Hoy me he sentado a la sombra de un manzano con Randú. Hacía mucho que no le veía, demasiado. Le llevé pienso del que le encanta en un caldero, junto con un trozo de pan duro y una manzana que recogí del suelo por el camino. Me decepcionó un poco, como siempre, que viniera tan decidido hacia a mí sólo porque le traía comida, pero me alegré tanto de verle, que me senté a su lado mientras le veía comer, feliz, disfrutando. Al terminar se alejó un poco, al otro lado del seto. Le llamé y me miró, pero me ignoró. Pensé "ya volverás·, y lo cierto es que lo hizo al poco, y se quedó a mi lado, oliéndome o simplemente estando ahí. Le quiero tanto... Estuve algo más de media hora con él. Es el mejor recuerdo del día, aunque no el único. Los momentos que paso en silencio o hablando con Randú, me dan una paz y un bienestar interior increíble. Siendo justos, es Randú quien me proporciona esto. Le adoro. Cuando estoy así con él, siento que me puedo morir tranquila. Todas las preocupaciones que pueda tener desaparecen. Conecto mucho mejor con Randú que con muchas de las personas a las que conozco y quiero. Quiero pensar que le hago tan feliz como él a mi cuando estamos juntos. Le debo muchísimo y jamás podré compensarle. 18 años juntos llevamos. Se dice pronto y se vive aún más deprisa. Él es y será siempre una importantísima parte de mi vida. Gracias, y más gracias.

lunes, 26 de agosto de 2013

Armonía

A veces, siento que me pierdo tantas cosas... Siento que, por la sociedad y el momento en los que me ha tocado vivir, no estoy dando de mí todo lo que pudiera o quisiera; que me veo limitada para poder sacar lo mejor y lo máximo de mi. 


Algunas situaciones, personas o cosas, como la lectura, me hacen reflexionar mucho y formar nuevas opiniones que ayudan a reforzar mi personalidad, y siempre en el mismo camino: quiero aportar algo, algo de verdad, y quiero dar lo mejor de mi, y sé que sería mucho. Me gustaría hacer lo que fuera en este sentido, sobre todo, por demostrármelo a mí misma, porque sé que puedo, pero quiero vivenciarlo y comprobarlo con mis propios ojos. Quiero tener el valor de irme al extranjero a buscar trabajo, o en España, pero quiero empezar completamente de cero para, algún día, poder echar la vista atrás y comprobar que, todo lo que tenga para entonces, lo haya conseguido a base de esfuerzo y sacrificio por mi parte. No quiero que me lo den todo hecho. Jugar a los sims con el truco del dinero dejó de gustarme, y comencé a hacerlo desde la pobreza de mi personaje. Pero ahora mismo pienso en un ordenador y me siento asqueada. La verdadera realidad, la vida misma, está ahí fuera, alejada de toda tecnología. De móviles, ordenadores y lujos. El sudor de la frente y el trabajo con las manos es lo que de verdad debería enrogullecernos explotar. Somos humanos por nuestras increibles capacidades, y nos dejamos atontar por nuestras propias creaciones. Escribiría esto más a gusto sobre el papel, pero tengo tanto en la cabeza en estos instantes, que si no lo suelto deprisa, pronto perderá toda su forma. 



Realmente me siento yo misma cuando leo un libro. Me encuentro y me gusta lo que veo. He tenido varios momentos de verdadera confusión conmigo misma, pero cada vez me conozco mejor; en ocasiones tengo la maravillosa oportunidad de socavar hasta el fondo de mis entrañas, y me gusta llegar allí. Podría decir que estoy orgullosa de mi misma, al menos de mis intenciones. Porque no hago más que lamentar el paso del tiempo, y ver cómo no consigo nunca plasmar en hechos tantas ideas que vagan por mi cabeza. Me he llegado a plantear irme al tercer mundo a ayudar. De no ser porque soy una cobarde con miedo a contraer alguna enfermedad mortal, creo que me iría en serio. Soy a la vez revolucionaria y pacifista. Siempre he tenido muy mal genio y un gran pronto. Parezco hecha para la guerra, pero de ir a ella sería en busca de la paz. Creo que soy muy defensora de no perturbar la armonía del mundo. Disfruto en la naturaleza, con las cosas no manipuladas por el hombre. Estoy contra el maltrato animal, contra la tala de árboles. Me preocupa el deshielo de los polos (aunque para ser franca, sólo si pienso en ello, y no necesariamente a diario). Repelo todo lo que creo que puede ser cancerígeno. Amo la vida, pero parece que siempre se me escapa de las manos mientras la persigo para aferrarme con todas mis fuerzas a ella. Siento que me falta algo. Siempre lo siento, y en ocasiones como esta en las que me encuentro tanto conmigo misma, más aún. 



¿Qué debo hacer para lograr estar en paz? ¿Qué paso debo dar?

domingo, 25 de agosto de 2013

Mujer

Una no se hace mujer la primera vez que ve una mancha roja en las bragas. Eso es lo que normalmente se le dice para que se sienta fuerte ante un hecho que, en realidad, le hace sentir que el suelo se abre bajo sus pies. Pocas sensaciones se igualan a esa, pero en realidad no es una sensación mala. Una tampoco se hace mujer la primera vez que da un beso con lengua, o que dice "te quiero". No cuando tiene su primer novio, o cuando, con un poco de suerte, en su primera vez le hacen el amor. Esto no deja de ser una sucesión de vivencias y sensaciones nuevas, que le hacen sentir diferente, distinta a nunca antes, pero todo son cosas buenas que incluso aún siendo una niña, puede experimentar, y seguirá siendo niña después de ello. 


Lo que por excelencia define a una buena mujer es el coraje, la entereza que debe mostrar en situaciones complicadas en las que, de no ser porque ya es una mujer, saldría corriendo. La humildad que debe sustituir al orgullo en incontables ocasiones, y el orgullo que debe sacar de donde cree que no tiene cuando, en el caso contrario, se está sintiendo humillada. Cuando a una le rompen el corazón y es capaz de volver a sonreir porque lo siente, cuando ha luchado hasta lograr eso, entonces es toda una mujer. Cuando lleva nueve meses a un niño en sus entrañas y tiene que liberarle, cuando hasta el padre huye de la sala de partos, entonces es lo que con orgullo se define por mujer, ya tenga treinta como sólo quince años. La fuerza de voluntad para seguir, para demostrar que puede; que es un portento físico, una genialidad mental.



Son las cicatrices. La señal de que ha sufrido y ahora está ahí delante de ti, más grande que nunca. Unas maduran con el tiempo. Otras, a la fuerza. Porque para lo bueno vale cualquiera. Para lo malo, hay que ser mujer.


viernes, 16 de agosto de 2013

Feliz

- Del 1 al 10, ¿cómo eres de feliz?

+ Mmm... 9, más o menos.

- ¿Tú solita?

- Así es. 


Sin más. Porque sí. Porque la felicidad existe. He cambiado de opinión, y adoptado la propia de que depende de uno mismo y de nadie más. 

Por el eterno carpe diem. Por el día a día. Chin chin.


lunes, 8 de julio de 2013

Esperanza

A la fuerza, a base de experiencias, vas aprendiendo a decir adiós, pese a seguir alimentándote de esperanzas y a sabiendas de que no son más que una excusa para poder continuar con tu día a día, aliviando esa urgencia que te provoca saber que no volverás a ver a esa persona, cuanto menos, pronto.

Las experiencias, sobre todo las malas, son las que nos hacen madurar y crecer a nivel personal. Pero lo que realmente nos hace humanos y nos mantiene vivos, en el sentido no del latir del corazón sino de apreciar cada momento de nuestras vidas, es la ilusión y la esperanza, aunque estas vayan más allá de toda lógica. Sabemos, comprobamos y desmentimos pero, por encima de todo, necesitamos creer.


lunes, 17 de junio de 2013

Pasaporte

A veces, me pregunto por qué la vida es tan puñetera e injusta. Si lo miro desde el punto de vista positivo, puedo conformarme con la expresión "no hay mal que por bien no venga", o con que todo lo bueno requiere un esfuerzo. Vamos, que nada es perfecto. Ni las personas, ni las situaciones.

Cuanto peor lo estás pasando, más eterno se hace el tiempo, que es precisamente cuando más rápido te gustaría que pasara. Y, sin embargo, cuando estás disfrutando de una etapa increíble de tu vida, esta se pasa volando ante tus ojos. La ves pasar día a día, ves cómo se te escapa de las manos sin remedio, y cuanto más te quieres aferrar a ella, más huye de ti. 

Da pena. Parece que la vida te obligue, pese a todo, a ser pesimista. Porque parece, por la impresión subjetiva del paso del tiempo, que los buenos momentos son intensos pero cortos, y los malos más abundantes y duraderos. Entre cada lapso de malos momentos, te encuentras con uno bueno que debes aprovechar. Y a mí se me está acabando otra de esas etapas increíbles. Es como un deja vù de la época de magisterio. Preveo que todo va a suceder igual. Empiezo a tener el complejo de Peter Pan. Trato de aferrarme al carpe diem, pero a su vez el querer disfrutar tanto del momento hace que me angustie más por el futuro. No por lo que pasará, y que esto me prive de hacer ahora lo que quiera, sino que me gustaría seguir en el presente, en este presente, toda mi vida. 

Me reitero en el comentario hecho tiempo atrás, acerca de que no dejamos de crecer. Y sí, da pena. Pena en cierto modo positiva, porque no deja de ser un sentimiento de extrañeza, de echar de menos, que ya llevo sintiendo desde hace un tiempo ante la inminencia de lo que va a ocurrir en ya menos de diez días. Cuando algo está bien, no quieres que cambie. Es igual que la angustia de pensar que sólo me queda un año en la vida universitaria, teniendo en cuenta que los 5 que he vivido han pasado volando. Y es así porque no dejará de ser un bonito recuerdo, pero me gustaría que no tuviera que serlo y siguiera formando parte del presente. 

No suelen gustarme los cambios. Cuando algo se termina porque está mal, duele. Pero cuando tiene que terminarse estando bien, jode. Bastante. 

De todas formas, no puedo dejar de estar agradecida. He aprendido a valorar las cosas por lo que son, a dejarme de tonterías, y a disfrutar del día a día. A ser ambiciosa conmigo misma y querer vivir y aprovechar al máximo cualquier detalle, por tonto que sea. He resurgido con más fuerza que nunca, con ganas de comerme el mundo. Incluso he dejado de lado el planing y en cierto modo relajado mi forma de estudiar. Este ha sido realmente el impulso que he recibido para ser como soy ahora. Mi pasaporte a la felicidad. Así que, pese a que ya sabía desde el día 1 lo que iba a pasar, ¿cómo no echarlo de menos?

Nada es para siempre, y eso es precisamente es lo que hace más intensas e increíbles las cosas. 




domingo, 21 de abril de 2013

Si...

Si muriera hoy, no me arrepentiría de nada de lo que he vivido, y me iría con el orgullo de llevarme a la espalda la vida que he tenido. No sentiría pena por lo que me quedaría por vivir, porque no podré saber como habría sido. ¿Cómo extrañar algo que no has tenido, y que no sabes cómo es? Muy diferente es la vida que planeas de la que en realidad llegas a vivir.

En cambio, puedo sentirme feliz porque, pese a poder considerarme muy joven, he vivido grandes cosas: me he enamorado hasta las trancas y he amado más de lo que jamás creí que podría llegar a hacerlo. He perdido y he logrado levantarme de un salto, rehaciendo mi vida, reencontrando esa otra forma de felicidad y, sobre todo, reencontrándome a mí misma. He tenido otras grandes decepciones con personas que consideraba importantes en mi vida, y a las que había empezado a abrirles un hueco en mi corazón. He sufrido pérdidas y traiciones. Y de cada uno de esos baches he aprendido valiosas lecciones que me han ayudado a crecer en ese otro sentido, y a darle cada vez más importancia a lo bueno y menos a lo malo. He aprendido a distinguir con quién puedo contar y con quién no, y tenido la fortuna de haber dispuesto de ese apoyo cuando lo he necesitado, así como yo lo he dado de forma incondicional en otras ocasiones.


Dicen que la verdadera familia es la que eliges en la vida, y no aquella de la que vienes. Por suerte, yo pude elegir aquella de la que vengo, porque está llena de gente que me quiere y a la que quiero, y de la que me siento afortunada.  Pero por otro lado tengo también a esa otra familia que escoges, esa en la que no corre la misma sangre, pero sí los mismos sentimientos. 

He dado mucho más que recibido a personas que tal vez no lo merecían. He participado en donaciones, dado limosnas y dejado propinas. He querido más a mi perro y a mi caballo que a muchas de las personas que he conocido. Me han tildado de borde en incontables ocasiones, en otras se han quedado conmigo, y otras tantas me han criticado. Así que, ¿cómo podría decir que no he vivido lo suficiente? Para bien y para mal, porque nunca llueve a gusto de todos, he dejado mi huella, y no cambiaría nada de lo que soy por satisfacer a nadie a quien le disguste. He pasado de ser una niña que pensaba que cuando llegabas a bachiller eras mayor, a darme cuenta de que nunca dejas de crecer; he ido cambiando y siendo cada vez más consciente de la formación de mi personalidad. He sido testigo de mi propio cambio, y estoy satisfecha conmigo misma.

No sé que pasará mañana pero, si muriera hoy, me daría con un canto en los dientes. 



lunes, 1 de abril de 2013

Tonta

Cuando te sientes inspirado a escribir, tienes que hacerlo. Sientes esa imperiosa necesidad de contar lo que tienes dentro, aunque cuando te pones delante del ordenador, no te salen las palabras adecuadas. Pero hay tanto que decir... Son esos momentos, esos en los que te das cuenta del momento que estás viviendo, te vuelves consciente y lo disfrutas muchísimo más, porque no sólo lo estás disfrutando, sino que eres consciente de que lo estás disfrutando; eres afortunado por poder darte cuenta de que estás viviendo eso en ese momento. No sé si me explico. Normalmente, cuando nos ponemos melancólicos recordamos las cosas buenas del pasado, más o menos cercano o lejano, y reparamos en pequeños detalles que, pese a no percibirlos en su momento, nos damos cuenta de que eran los que convertían alguna situación cotidiana en especial, y por ello las recordamos con mayor aprecio. Entonces, darte cuenta en el propio presente de algo así, y poder saborearlo el doble, es... sin duda, excepcional, maravilloso, impagable. 

Sé de sobra de unas cuantas cosas que en un par de años solamente ya echaré de menos, como preocuparme de cotillear o rajar de tonterías con gente que lo disfruta tanto como yo; rajar, qué gran palabra. O corregir el verbo condicional a todas horas, o discutir sobre si se dice hice o he hecho. Levantarme una mañana y buscar aturdida la ropa entre el barullo que hay montado en el suelo de una habitación diferente, sin entender nunca por qué quedó todo tan desperdigado. Meternos cinco en un fotomatón, y que se nos oiga en la otra punta del centro comercial. El pincho del mediodía, o de las diez, o de la hora de comer, qué importarán las horas! Es genial poder olvidarse del reloj, de seguir un patrón, y poder hacer las cosas a deshora sin más. Privarse de picar entre horas y disfrutar de escabullirse de uno mismo para hacerlo de vez en cuando, como si por hacerlo así no contara. El día en que dejó de importante que pasaran días con la cama sin hacer, y disfrutar viendo tres pocilgas, y que todas estén igual. Alegrarme de pertenecer a un colectivo selecto, de compartir criterios, o la ausencia de ciertos criterios.  Compartir piso y todas las chorradas sin sentido que, sin embargo, dan sentido y esencia a mi vida. 

Porque la felicidad no está en tomarse un café, sino en lo que hay entre medias. No está en lo que se dice, sino en cómo se dice. No está en los horarios, sino en cada ruptura de ese horario. No está en un aprobado de fisiología, está en el sufrimiento conjunto, en las horas de agonía compartidas, en los pequeños pero increíbles momentos de descanso. Qué coño, la felicidad está en las tonterías. Habría que ser muy tonto para no querer serlo. La vida no es locura, la vida es hacer el subnormal siempre que se pueda, rompiendo la rutina, lo lógico, lo normal. Las regularidades y desgracias vienen por defecto, de nosotros depende modificar esa rutina y darle un toque personal. 


Supercompensación

Al someter al cuerpo a un esfuerzo físico que le cause fatiga, aparece una consecuente disminución del rendimiento por un breve periodo temporal. Tras esto, se produce la recuperación, en la que el organismo pasa por una fase de adaptación a ese esfuerzo sufrido, incrementando de nuevo su rendimiento pero con creces, para poder hacer frente a nuevos esfuerzos iguales o superiores en un futuro próximo.

Sobre cómo el cuerpo, y también la mente, se sobrepone a un bache temporal que por un momento le deja KO, y se repone aprendiendo de los errores pasados para ser mejor de cara al futuro. 


sábado, 9 de marzo de 2013

Optimismo

- Me encanta como huelen los huevos cocidos.
+ ¿En serio? Yo lo odio, ¡huelen como a podre!
- ¿Qué afortunada soy entonces, no? Me gusta algo que a ti te incomoda. ¿De qué te ríes? ¿Es por afortunada, de fortuna? "Afortunada" sí que se usa.
+ No, es porque antes no habrías pensado así. Ahora te fijas en el lado positivo.

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"La suerte existe pero también se busca. Con confianza en uno mismo todo sale mejor".

"Si crees que tienes suerte, la acabas teniendo".

Y tenéis razón.



viernes, 8 de febrero de 2013

2013

Sabía que este año sería diferente, nuevo, inspirador y genial. Cambios positivos, novedades, y carpe diem a raudales sin consecuencias que lamentar.

El optimismo como estilo de vida; porque lo mejor, es que sale solo.