miércoles, 30 de julio de 2014

Muro II

Pero, y ¿qué me queda a mí ahora? Qué hago si, tras haber sufrido y creer haber aprendido a hacer las cosas mejor, y haberlas hecho así, no me ha servido sino para sufrir más, para dejar que me pisoteen? Ahora soy yo la que tiene que volverse cruel e insensible, construir un muro para evitar que me vuelvan a reducir al polvo? Es eso lo que pasa? Todos acabamos volviéndonos malos? No quiero ser mala, y la experiencia me dice que siendo buena me harán daño. Yo, que soy una soñadora y enamorada del amor. Yo que estaba dispuesta a darlo todo por una persona, y aun creyendo que sería incapaz de volver a hacerlo, lo hice con la misma o más gana aún. 

Me han robado algo más que el corazón. Me han robado las ganas y el valor de ser yo misma. Y creo que esta vez no se me pasará con el tiempo y otra persona que aparezca y se empeñe en mí, poniéndome en un pedestal. Atrás quedaron los años universitarios, de tonteos fáciles y noches para dejarse llevar. Me conozco demasiado bien las tretas para hacerme caer, y toda promesa me suena a superficial y barata, difícil de cumplir. 

He dejado de creer.

sábado, 26 de julio de 2014

Muro

A veces pasa que, cuando vives una experiencia negativa que de una forma u otra te llevó a ser alguien que no eras o con quien no estabas conforme, el resultado final es muy doloroso. Cuesta superarlo y volver a ser quien eras. Cuesta abrir los ojos que tanto tiempo habías tenido cerrados, y reconocer hechos que antes no habías querido ver. Pero, poco a poco, cuando esto sucede, vas dándote cuenta de en cuántas ocasiones no estabas equivocado, cuántas cosas habías hecho bien, y cuántas veces habías sentido culpa sin razón. Llegas a entender todo lo que pasó, el porqué, y también todo lo que te habías estado perdiendo por no darte cuenta antes de la situación para plantaros, tú y tu dignidad, y decir BASTA. Establecer tus límites por delante de tus principios, siempre un paso por delante, para que nada ni nadie los pueda corromper. Vuelves a valorarte como nunca antes debías haber dejado de hacerlo y, si eres justo, también serás capaz de darte cuenta de los errores que has cometido durante ese duro camino.


De los errores se puede aprender para bien o para mal. De una mala experiencia, una vez que se ha superado, puedes sacar conclusiones y lecciones muy valiosas de cara a tu futuro, para así poder decir: esto no me volverá a pasar. No volveré a equivocarme de la misma manera, procuraré no ser tan orgullosa, o utilizaré el diálogo en lugar de voces en tono acusativo. Sin embargo, en lugar de tomar la experiencia como algo de lo que aprender para ser mejor persona, para "crecer" y hacer las cosas mejor, también puede suceder que el pensamiento que se implante en tu mente sea "esto no lo voy a volver a consentir", y que esto se asiente de manera tan firme que llegue a ser un arma de destrucción para cualquiera que trate de acercarse, sea con la intención que sea. Que en lugar de haberte quitado la venda de los ojos, hayas construido un muro que te ciegue aún más, y sea más inamovible. Que no busques enmendar errores y hacer las cosas mejor, sino que consciente o no te vengues de cada puñalada sufrida en el pasado con quien no está aquí y ahora haciéndote lo mismo.

Y ahora entiendo por qué no podía pasar: porque al quitarme la venda, he visto un muro enorme ante mis ojos.

viernes, 25 de julio de 2014

.

Viendo los últimos acontecimientos, la crueldad, frialdad e insensibilidad con la que me pudo llegar a tratar... me hace sentir avergonzada solo por estar lamentablemente tan enamorada de él aún. Y avergonzada por todo el derroche de sentimientos que fui poniendo aquí de manifiesto. Por primera vez, hasta de aquí me apetece hacerlo desaparecer. 

Lo había pasado mal anteriormente. Pensaba que esta vez lo llevaba mejor. Pero nunca me hicieron sentir tan miserable y tener tantos deseos no sólo de mitigar el dolor, sino de que nunca hubiera existido esa persona. 

Me siento mal. Muy mal... Siento que pierdo la dignidad a cada paso. Me siento cada vez más pequeña, más incomprendida y a al mismo tiempo cada vez entiendo menos. No entiendo esa exigencia extrema y sin venir a cuento de respeto, y esa falta total de respeto hacia mi persona. No me trata como una persona. Ni a los de las compañías telefónicas he despreciado tanto cuando llamaban. Me es, sencillamente, inaceptable. Nunca jamás lo entenderé. Es como si se hubiera enterado de que yo conspiré contra él en algo, como si le hubiera traicionado, y tratara de vengarse de mí a sangre fría. No veo más que la venganza en los ojos que no puedo olvidar. Me siento asqueada por sentir algo. 

Por favor hazme olvidar...

martes, 15 de julio de 2014

..

Nos quisimos tanto... Tantas noches durmiéndonos abrazados. Tantas manos agarradas con fuerza. Tantas miradas llenas de mensajes. Tantas risas y sonrisas... Y tanto rencor acumulado en discusiones no solucionadas a tiempo por evitar hablar de más, que ahora no ha provocado más que silencios, malas formas y puñales, como punto y final en forma de borrón a una historia breve pero intensa, que algún día prometió ser muy bonita y duradera, llena de ganas y pasión. 

¿Cuánto de aquello fue verdad? ¿Por qué esa necesidad de hacer daño hasta el último momento?

Sólo quería quererte toda la vida, y hacerte feliz.

Perdón por intentar que ambos nos entendiéramos. Es la cruz que me llevo. Siempre quise mejorar... 

domingo, 13 de julio de 2014

Cenizas

La esperanza es lo último que se pierde. Se va mitigando y desapareciendo poco a poco, pero siempre queda un resquicio, algo que no la deja irse del todo. Es como las brasas que quedan en la leña de la chimenea toda la noche, donde antes hubo fuego y alegría. Una noche que se hace tan larga como puede hacerse un sueño dentro de una cabeza que tan sólo lleva soñando unas pocas horas. Un sueño puede representar toda una vida, y en realidad haber transcurrido cinco minutos. Unas brasas pueden durar horas y horas, aunque en realidad no estén quemando nada. Pero nunca volverán a arder por sí solas, al igual que los sueños nunca se convierten por sí solos en realidad.

Y aún cuando parece que por fin las brasas se han apagado, cuando el tronco ya está frío, aún queda algún punto anaranjado en él. Y aún tras haberse apagado, quedan las cenizas, rastro del daño y heridas que han causado al que antes era un tronco entero. Puede llegar a reutilizarse para encender una nueva llama, pero nunca volverá a arder con la misma pasión. No volverá a darlo todo de sí porque, sencillamente, ya no está todo él.

sábado, 12 de julio de 2014

Que te jodan

La gente subestima lo que es hacer daño a una persona, daño sentimental. Tal vez sea porque nunca se han entregado y dado tanto por alguien para luego no sólo no recibir lo mismo o similar a cambio, sino además achaques, malas maneras, faltas de respeto y, casi lo peor, indiferencia. 

Mi primera relación estuvo llena de ganas y de errores por ambas partes, y una vez superada la tomé como una gran lección de vida. Aprendí a valorarme más a mí misma, a vivir de manera independiente, a tomar mis decisiones mirando sólo por mí, a disfrutar de la vida en esencia sin necesitar a nadie a mi lado para sentirme plena. Pensé que me había venido genial para redescubrirme, para reencontrarme conmigo misma, para saber quien soy, y además, para no volver a cometer los mismos errores cuando llegara alguien que lograra conquistar de nuevo mi corazón.

Y ese alguien llegó, antes de lo esperado, antes de que yo estuviera preparada. Y tardé en abrirme, en querer abrirme, en reconocer que estaba de nuevo enamorada. Era una persona totalmente diferente a la anterior en muchos aspectos, pues aunque no quisiera comparar, no estaba preparada para dejar atrás todo el dolor y recuerdos de mi pasada relación. Al contrario que en aquella, en la cual al ir conociendo a la otra persona me sentí decepcionada en cierto sentido, porque tenía características que había ocultado y al ir conociendo no eran como esperaba y no me gustaban en principio, en este caso no hacía más que descubrir maravillas y virtudes de esa persona. De verdad pensé que esto era una recompensa a mi sufrimiento pasado, que por fin había conocido a alguien maduro, responsable, con las ideas claras y que me aportaría algo más estable. No creía, o más bien no quería creer, que duraríamos. Porque oía cosas similares al pasado: "eres perfecta", "quiero casarme contigo", "quiero vivir contigo", "iré a vivir donde tú estés". Este tipo de cosas no las quieres oír para no creértelas, porque hacerlo sólo sirve para crear unas expectativas de futuro, para esperar por un futuro que es más probable que no llegue a que sí. 

Y ese futuro no llegó. Sino que poco a poco fui descubriendo a una persona autoritaria, que cada vez que quería expresarle mis preocupaciones sobre nosotros, cerraba los oídos. Una persona que, cada vez que discutíamos, me "castigaba" con decisiones que él tomaba. Que me dejaba por cabreo y "por chula" y cuando él quería hablábamos y lo arreglábamos, pero si él no quería, "ahora no, y punto". Se acostumbró a faltarme al respeto "eres una pesada", "eres una plasta", "déjame en paz", "me agobias", "es que siempre estás mal", "para ti todo lo hago mal"... Y yo empiezo a pensar en todo lo que hago mal, empiezo a tener cada vez más miedo de expresar cómo me siento; porque cuando tenía los katakrokens, cuando aún no éramos nada... entonces cogía el teléfono encantado para oír mis ralladuras y ayudarme a eliminarlas. Pero ahora que me tiene... ahora me marea, hoy me quiere y mañana no, y no tengo derecho a pedir explicaciones, a decir que tengo sentimientos y que no soy la última mierda, "hoy no vamos a hablar, y punto" "porque estoy de fiesta". Porque lamer el culo a colegas que si llegas tarde a comer se lo han comido todo y no te han esperado, que se van corriendo de la facultad y no te esperan, que te quitan una lata de la nevera y no reconocen que es tuya, que si tú te quejas de algo de la casa te contestan mal (como si yo me quejo de algo tuyo y me contestas mal... qué similar...)... eso es achantar, y como frente a ellos se achanta, para poder hacerlo hay que hacerme achantar a mí. Primero ellos, tú te callas y esperas, y ahora tú, si eso.

Y esta es mi visión, y me da igual interpretar cosas mal, porque estoy harta. La otra vez acabé volviéndome loca pensando que tal vez no tenía razón, y resultó ser que sí. Y ahora sé que también, y me habré equivocado, pero sé en lo que no, y también sé que estoy harta de decir que quiero hablar las cosas, no sólo para expresarme yo, sino para saber qué hago mal y CAMBIARLO. Porque yo estoy dispuesta a cambiar lo malo por la otra persona. Porque cuando me enamoro lo doy todo, y me sale caro. Por eso no quería enamorarme de tí.

Aún no ha llegado la persona que me demuestre que está a mi altura a nivel sentimental, y si aparece dudo que le permita llegar a demostrarlo, porque eso requiere hacerlo al tiempo de empezar, y no cuando todo es maravilloso. Y me ha salido tan caro que directamente paso. Paso de jugar más. No me gustan las apuestas. Y me ha jodido porque me ha quitado la ilusión y me ha dado más inseguridad de la que tenía de antes. Ha sido un palo detrás de otro. Sin buscarlo, no sin haberme esforzado en hacerlo todo bien. No sin pedir perdón y no dejarme dominar por el orgullo ni la mala ostia. Perdón por no ser perfecta, no soy yo la que se vendió así. 

Se acabó.

lunes, 7 de julio de 2014

Te quiero

Te quiero. Llevo tiempo queriendo decírtelo y me está matando por dentro, me está consumiendo. Es como una burbuja que se hincha más cuanto más la retengo dentro. Y no es el te quiero. No son las palabras. Es que te quiero. Quiero poder decírtelo en cada palabra, en cada forma de decirte una frase. En el tono de voz, las palabras cariñosas y las caricias. Las miradas que acompañen a las palabras. Las sonrisas que se me escapen y tiñan eso que te digo de un color más tierno. 

Es lo que quiero hacer por ti, las preocupaciones que quiero compartir contigo, las ayudas que quiero brindarte. Es que te miro y me derrito no por lo guapo que estés o lo maravillosa que sea tu mirada, sino porque es a ti a quien miro. Es las ganas de llorar de dicha por ser tú, como si las lágrimas que expulsara fueran las que me liberaran de esta presión que ahora siento que me va a desbordar. 

Necesito que me dejes quererte, porque todo este amor lo has generado tú. Es para ti. No lo necesito si no estás, y no ha nacido para quedarse dentro. 

De todos los errores y malos momentos se aprende. Yo he hecho bien contigo lo que he aprendido de mi anterior error, y he aprendido y estoy dispuesta a enmendar contigo mis nuevos errores. Sólo espero que tú no tengas que esperar a conocer a otra persona para aprender que hablar no es discutir, que hablar es comunicarse y eliminar las barreras que traten de interponerse entre nosotros durante el camino. Espero que recapacites y quieras quererme y, de hecho, me quieras, porque yo soy la que va a hacerte feliz. 

domingo, 6 de julio de 2014

Lecciones de vida

Primera y única anotación en un proyecto frustrado de diario. Madrugada del 12 de febrero de 2008. 

"Empiezo a sentir cierta nostalgia al ver la habitación, empieza a surgir en serio la corazonada de que en junio quedará confirmado que me voy, pero aún no sé adónde. Ojalá estuviera tan segura como los demás, como antes, cuando creía que el INEF de León era igual que el de Madrid; pero sin gimnasia rítmica no va a ninguna parte; claramente, es una mierda, y muy cutre".

Me gustaría decirle ahora, seis años después y recién abandonada la vida en León, "querida... no tenías NI IDEA de todo lo que ibas a vivir. Aún no habías salido al mundo ni habías sufrido de verdad. No habías tomado decisiones, no sabías ni te esperabas que fueras a ser tan infeliz, y que pudieras llegar a ser tan feliz". También le habría dicho que aprovechara cualquier oportunidad que se le pasara por delante, que no por mucho tratar de aprender con los estudios iba a lograrlo, y que hacer todas las escapadas que pudiera le iban a formar para algo más importante: la vida. Se habría enriquecido mucho más. Debería haberse dejado llevar más, atreverse más, no atarse al primer chico del que se enamorara, porque ni el primer amor es el único ni el mejor. Si alguna chica joven se pasara por aquí de casualidad, le diría que viaje, que viaje todo lo que pueda porque conocer el mundo sí es crecer como persona y formarse de verdad. Que en cualquier carrera que estudie se sentirá vacía e inútil al acabar, y perdida. Sobre todo perdida. Que experimente con los chicos pero sin ser una suelta. Que se deje llevar. Que las amistades de la universidad pueden ser para toda la vida, pero también hay que saber escogerlas. Y que todo lo que parezca una locura, lo es. Pero que no encontrará una etapa mejor para cometerlas. Y nunca se habría sentido mejor. Que el orgullo nunca es la solución sino la causa de los problemas que están detrás del supuesto problema ante el que se está imponiendo el orgullo. Que discutir por quién tiene razón no es el problema, sino las actitudes que se muestran con tal de tener razón. La pérdida del respeto ajena y de los sentimientos. Que al final, las mayores tonterías, ya sean buenas o malas, son las que marcan. Las pequeñas peleas forman la bola que revienta con la relación, y las pequeñas tonterías que digas cenando con tus compañeras de piso acabarán en una cartulina pegada en la pared, y te harán saltar las lágrimas cuando las recuerdes. 

A cualquier chica que se pasara por aquí, a esa chica del diario de hace seis años, le diría que no busque ni planee vivir, y que viva de verdad. Que muy pocas veces te arrepientes de lo que has hecho, y muy pocas no tiene solución. Pero muchísimas veces te arrepentirás de lo que no has hecho, porque nunca podrás volver a aquel momento.

Pilares

Son las experiencias de la vida, sobre todo las malas, las que te hacen conocerte cada vez un poco mejor. Las que, a su vez, te hacen darte cuenta de lo que verdaderamente te importa, y lo que, en realidad, no importaba tanto. 

Desde pequeña, y tras el puesto de camarera, la profesión que siempre quise desempeñar más en serio fue la de veterinaria. Los animales (salvo serpientes, arañas, y algunos asquerosos) siempre me inspiraron una gran ternura. Como leí en un libro del instituto, al igual que a la protagonista a mí me daba más pena la muerte de un animal que la de una persona cuando había un accidente. 

Desde que recuerdo he tenido animales. Lo primero de todo, caballos, y desde los 6 años, perros. No imagino mi vida sin el apoyo y amor incondicional que te brinda una mascota, y la pérdida de algunas me ha marcado severamente.

Otro punto de inflexión considerable en mi vida ha sido la gimnasia rítmica. La pasión y deseo que tenía por mejorar y entrar en el equipo, el único factor que me ayudó a salir de una media depresión que tuve cuando, tras un primer desmayo por la sangre, tuve que renunciar al sueño de ser veterinaria y cogí pánico a sufrir más desmayos. Finalmente, lo mal que lo pasé cuando, para variar, tuve que decidir yo renunciar a esa forma de vida.

El último aspecto clave que me mata, es el amor. Creí que tras superar la primera ruptura no iba a volver a pasarlo así en la vida, que sería capaz de controlar la situación, pero supongo que eso depende de la medida en que se entregue cada uno. Yo doy todo el corazón, y ante esas frases que dicen que la felicidad no puede depender de otros más que de ti mismo, yo digo que una mierda. Si no te entregas no eres feliz, y no te harán estar triste después, pero tampoco habrás disfrutado como debieras. 

Los animales, la gimnasia y el amor, son tres pilares de mi vida que siempre van a hacer que me derrumbe cada vez que me falte uno. Respecto a la gimnasia, el derrumbamiento lo sufro cada vez que veo o asisto a alguna competición; es una herida mal cerrada de por vida. Sólo sueño con poder casarme y llorar de alegría en mi propia boda viéndole esperarme, allá al fondo, con la misma emoción en la mirada que yo. Y tener un perro esperando en casa cuando lleguemos.

Aun así, mientras escribo esto, soy consciente de que aún me quedan muchos palos que recibir, y mucho que aprender. Me siento pequeña...

sábado, 5 de julio de 2014

No time

Haces planes para entrar a una carrera y no sacas la nota que esperabas, haces planes de pareja y se rompe, haces planes en base a un empleo y lo pierdes, haces planes de familia e igual no puedes tener hijos. Compras un caballo y está cojo, compras un hámster y tiene más alergias que tú. Compras una bici de segunda mano para ahorrar y sale más cara la reparación que una nueva, lo mismo que cuando vas a cambiar la pila a un reloj. 

Hasta que dejas de ponerte relojes, de mirar la hora, de contar el tiempo y de hacer planes. Porque al final lo único que va a salir según estaba planeado es tu vida, y no está en tus manos sino en las de un destino que nunca te va a adelantar acontecimientos. 

Ni los deseos de las pestañas, los de las velas de cumpleaños, ni los de la hoguera de San Juan se van a cumplir. No podemos esperar recompensas a los esfuerzos ni regalos por arte de magia. Así que, una vez más, que viva el puto Carpe Diem. 

viernes, 4 de julio de 2014

El gato y el ratón.

Voy a empezar a pensar que todo lo que escribo aquí lo gafo. Me dan ganas de reír ya más que de llorar. He llorado demasiado en cuestión de cinco días; me escuecen los ojos.

Hace más o menos una semana decía que había encontrado de nuevo el amor, más maduro pero no por ello menos loco... quizás haya acertado en lo de loco, y puede que en su propia locura se haya ahogado.

Empiezo a pensar que tal vez tengo demasiado aguante, en el sentido de tener excesivas ganas de luchar, de insistir... Al final peco de eso, se me tacha de pesada, de agobiar... ¿Me esmero demasiado? ¿Debería ser más pasota? No busco una relación perfecta, sólo creo en la confianza, la sinceridad y la comunicación como base de una pareja. El exceso de evitar la comunicación por su parte provocó tal vez la excesiva insistencia por mi parte por comunicarnos. Cuanto más quería hablar yo, menos él; cuanto menos hablaba él, más quería hablar yo... Y así, jugando al gato y al ratón, no sé cómo, el gato terminó dando la vuelta... y ahora es el ratón el que campa a sus anchas por doquier. Le he dado libertad extrema en lugar de confianza para acercarse a mí y comerle a besos como solíamos hacer... Creo que es mi único error, de verdad. Y aun así estoy dispuesta a escuchar posibles errores que se me escapen, ya no sólo por mejorar en lo que respecta a ser mejor persona yo misma, sino a tener una mejor relación con él, porque le quiero, y punto. Y no quería quererle, pero es que por mucho que diga eso, da igual. Ya da igual. Me arrepiento a veces y muero de rabia porque ¡YO NO QUERIA! ¿Y qué? Yo decidí querer al final, obligada o no por mis sentimientos, pero yo di el paso. 

Así que aquí estás. Y ahora si sufres es porque has decidido vivir un amor corto pero intenso e increíble. Has apostado por una felicidad más arriesgada, y has ganado pero lo has gastado rápido. Tú decides si era mejor gastarlo poco a poco, o así, pero ahora mismo es lo que hay. 

He gastado mi último cartucho. No depende de mí. No tengo por qué justificar mis actos, hacerle ver lo que ya tenía que haber visto que hice por él, pedirle que me pida perdón o que entienda que a quien quieres no le hieres. Depende de él y, precisamente, si él mismo no se da cuenta, será que he tomado la decisión correcta... 

Y tal vez no le vuelva a ver nunca más. No puedo dejar de pensar en aquel momento por la mañana en su cama, acurrucada bajo su hombro y abrazada a su cuerpo, pensando con los ojos cerrados muy fuerte... "cómo voy a echar esto de menos", y en realidad no sabía cuantísimo. Y cuando me dijo cuando yo lloraba, "si nos vamos a volver a ver". Y sus últimas palabras: "Adiós, culillo!", tan típico de él... Y su figura alejándose con su también típica mochila roja de Altus tan navarrica... 

Duele, pero una vez juré sobre mi piel en forma de espiral que nunca volvería a perderme. Se puede pensar en uno mismo sin dejar de dar por los demás... Y lo he conseguido. He renunciado en el momento en que me perdería. Si el tatuaje no se va, yo tampoco. Me quiero. 

Y aunque te joda, la puerta sigue abierta, podrás pasar y no será arrastrarse, pero eso sí, el orgullo no puede pasar.