domingo, 6 de julio de 2014

Lecciones de vida

Primera y única anotación en un proyecto frustrado de diario. Madrugada del 12 de febrero de 2008. 

"Empiezo a sentir cierta nostalgia al ver la habitación, empieza a surgir en serio la corazonada de que en junio quedará confirmado que me voy, pero aún no sé adónde. Ojalá estuviera tan segura como los demás, como antes, cuando creía que el INEF de León era igual que el de Madrid; pero sin gimnasia rítmica no va a ninguna parte; claramente, es una mierda, y muy cutre".

Me gustaría decirle ahora, seis años después y recién abandonada la vida en León, "querida... no tenías NI IDEA de todo lo que ibas a vivir. Aún no habías salido al mundo ni habías sufrido de verdad. No habías tomado decisiones, no sabías ni te esperabas que fueras a ser tan infeliz, y que pudieras llegar a ser tan feliz". También le habría dicho que aprovechara cualquier oportunidad que se le pasara por delante, que no por mucho tratar de aprender con los estudios iba a lograrlo, y que hacer todas las escapadas que pudiera le iban a formar para algo más importante: la vida. Se habría enriquecido mucho más. Debería haberse dejado llevar más, atreverse más, no atarse al primer chico del que se enamorara, porque ni el primer amor es el único ni el mejor. Si alguna chica joven se pasara por aquí de casualidad, le diría que viaje, que viaje todo lo que pueda porque conocer el mundo sí es crecer como persona y formarse de verdad. Que en cualquier carrera que estudie se sentirá vacía e inútil al acabar, y perdida. Sobre todo perdida. Que experimente con los chicos pero sin ser una suelta. Que se deje llevar. Que las amistades de la universidad pueden ser para toda la vida, pero también hay que saber escogerlas. Y que todo lo que parezca una locura, lo es. Pero que no encontrará una etapa mejor para cometerlas. Y nunca se habría sentido mejor. Que el orgullo nunca es la solución sino la causa de los problemas que están detrás del supuesto problema ante el que se está imponiendo el orgullo. Que discutir por quién tiene razón no es el problema, sino las actitudes que se muestran con tal de tener razón. La pérdida del respeto ajena y de los sentimientos. Que al final, las mayores tonterías, ya sean buenas o malas, son las que marcan. Las pequeñas peleas forman la bola que revienta con la relación, y las pequeñas tonterías que digas cenando con tus compañeras de piso acabarán en una cartulina pegada en la pared, y te harán saltar las lágrimas cuando las recuerdes. 

A cualquier chica que se pasara por aquí, a esa chica del diario de hace seis años, le diría que no busque ni planee vivir, y que viva de verdad. Que muy pocas veces te arrepientes de lo que has hecho, y muy pocas no tiene solución. Pero muchísimas veces te arrepentirás de lo que no has hecho, porque nunca podrás volver a aquel momento.

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