Voy a empezar a pensar que todo lo que escribo aquí lo gafo. Me dan ganas de reír ya más que de llorar. He llorado demasiado en cuestión de cinco días; me escuecen los ojos.
Hace más o menos una semana decía que había encontrado de nuevo el amor, más maduro pero no por ello menos loco... quizás haya acertado en lo de loco, y puede que en su propia locura se haya ahogado.
Empiezo a pensar que tal vez tengo demasiado aguante, en el sentido de tener excesivas ganas de luchar, de insistir... Al final peco de eso, se me tacha de pesada, de agobiar... ¿Me esmero demasiado? ¿Debería ser más pasota? No busco una relación perfecta, sólo creo en la confianza, la sinceridad y la comunicación como base de una pareja. El exceso de evitar la comunicación por su parte provocó tal vez la excesiva insistencia por mi parte por comunicarnos. Cuanto más quería hablar yo, menos él; cuanto menos hablaba él, más quería hablar yo... Y así, jugando al gato y al ratón, no sé cómo, el gato terminó dando la vuelta... y ahora es el ratón el que campa a sus anchas por doquier. Le he dado libertad extrema en lugar de confianza para acercarse a mí y comerle a besos como solíamos hacer... Creo que es mi único error, de verdad. Y aun así estoy dispuesta a escuchar posibles errores que se me escapen, ya no sólo por mejorar en lo que respecta a ser mejor persona yo misma, sino a tener una mejor relación con él, porque le quiero, y punto. Y no quería quererle, pero es que por mucho que diga eso, da igual. Ya da igual. Me arrepiento a veces y muero de rabia porque ¡YO NO QUERIA! ¿Y qué? Yo decidí querer al final, obligada o no por mis sentimientos, pero yo di el paso.
Así que aquí estás. Y ahora si sufres es porque has decidido vivir un amor corto pero intenso e increíble. Has apostado por una felicidad más arriesgada, y has ganado pero lo has gastado rápido. Tú decides si era mejor gastarlo poco a poco, o así, pero ahora mismo es lo que hay.
He gastado mi último cartucho. No depende de mí. No tengo por qué justificar mis actos, hacerle ver lo que ya tenía que haber visto que hice por él, pedirle que me pida perdón o que entienda que a quien quieres no le hieres. Depende de él y, precisamente, si él mismo no se da cuenta, será que he tomado la decisión correcta...
Y tal vez no le vuelva a ver nunca más. No puedo dejar de pensar en aquel momento por la mañana en su cama, acurrucada bajo su hombro y abrazada a su cuerpo, pensando con los ojos cerrados muy fuerte... "cómo voy a echar esto de menos", y en realidad no sabía cuantísimo. Y cuando me dijo cuando yo lloraba, "si nos vamos a volver a ver". Y sus últimas palabras: "Adiós, culillo!", tan típico de él... Y su figura alejándose con su también típica mochila roja de Altus tan navarrica...
Duele, pero una vez juré sobre mi piel en forma de espiral que nunca volvería a perderme. Se puede pensar en uno mismo sin dejar de dar por los demás... Y lo he conseguido. He renunciado en el momento en que me perdería. Si el tatuaje no se va, yo tampoco. Me quiero.
Y aunque te joda, la puerta sigue abierta, podrás pasar y no será arrastrarse, pero eso sí, el orgullo no puede pasar.
Y aunque te joda, la puerta sigue abierta, podrás pasar y no será arrastrarse, pero eso sí, el orgullo no puede pasar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario