sábado, 12 de julio de 2014

Que te jodan

La gente subestima lo que es hacer daño a una persona, daño sentimental. Tal vez sea porque nunca se han entregado y dado tanto por alguien para luego no sólo no recibir lo mismo o similar a cambio, sino además achaques, malas maneras, faltas de respeto y, casi lo peor, indiferencia. 

Mi primera relación estuvo llena de ganas y de errores por ambas partes, y una vez superada la tomé como una gran lección de vida. Aprendí a valorarme más a mí misma, a vivir de manera independiente, a tomar mis decisiones mirando sólo por mí, a disfrutar de la vida en esencia sin necesitar a nadie a mi lado para sentirme plena. Pensé que me había venido genial para redescubrirme, para reencontrarme conmigo misma, para saber quien soy, y además, para no volver a cometer los mismos errores cuando llegara alguien que lograra conquistar de nuevo mi corazón.

Y ese alguien llegó, antes de lo esperado, antes de que yo estuviera preparada. Y tardé en abrirme, en querer abrirme, en reconocer que estaba de nuevo enamorada. Era una persona totalmente diferente a la anterior en muchos aspectos, pues aunque no quisiera comparar, no estaba preparada para dejar atrás todo el dolor y recuerdos de mi pasada relación. Al contrario que en aquella, en la cual al ir conociendo a la otra persona me sentí decepcionada en cierto sentido, porque tenía características que había ocultado y al ir conociendo no eran como esperaba y no me gustaban en principio, en este caso no hacía más que descubrir maravillas y virtudes de esa persona. De verdad pensé que esto era una recompensa a mi sufrimiento pasado, que por fin había conocido a alguien maduro, responsable, con las ideas claras y que me aportaría algo más estable. No creía, o más bien no quería creer, que duraríamos. Porque oía cosas similares al pasado: "eres perfecta", "quiero casarme contigo", "quiero vivir contigo", "iré a vivir donde tú estés". Este tipo de cosas no las quieres oír para no creértelas, porque hacerlo sólo sirve para crear unas expectativas de futuro, para esperar por un futuro que es más probable que no llegue a que sí. 

Y ese futuro no llegó. Sino que poco a poco fui descubriendo a una persona autoritaria, que cada vez que quería expresarle mis preocupaciones sobre nosotros, cerraba los oídos. Una persona que, cada vez que discutíamos, me "castigaba" con decisiones que él tomaba. Que me dejaba por cabreo y "por chula" y cuando él quería hablábamos y lo arreglábamos, pero si él no quería, "ahora no, y punto". Se acostumbró a faltarme al respeto "eres una pesada", "eres una plasta", "déjame en paz", "me agobias", "es que siempre estás mal", "para ti todo lo hago mal"... Y yo empiezo a pensar en todo lo que hago mal, empiezo a tener cada vez más miedo de expresar cómo me siento; porque cuando tenía los katakrokens, cuando aún no éramos nada... entonces cogía el teléfono encantado para oír mis ralladuras y ayudarme a eliminarlas. Pero ahora que me tiene... ahora me marea, hoy me quiere y mañana no, y no tengo derecho a pedir explicaciones, a decir que tengo sentimientos y que no soy la última mierda, "hoy no vamos a hablar, y punto" "porque estoy de fiesta". Porque lamer el culo a colegas que si llegas tarde a comer se lo han comido todo y no te han esperado, que se van corriendo de la facultad y no te esperan, que te quitan una lata de la nevera y no reconocen que es tuya, que si tú te quejas de algo de la casa te contestan mal (como si yo me quejo de algo tuyo y me contestas mal... qué similar...)... eso es achantar, y como frente a ellos se achanta, para poder hacerlo hay que hacerme achantar a mí. Primero ellos, tú te callas y esperas, y ahora tú, si eso.

Y esta es mi visión, y me da igual interpretar cosas mal, porque estoy harta. La otra vez acabé volviéndome loca pensando que tal vez no tenía razón, y resultó ser que sí. Y ahora sé que también, y me habré equivocado, pero sé en lo que no, y también sé que estoy harta de decir que quiero hablar las cosas, no sólo para expresarme yo, sino para saber qué hago mal y CAMBIARLO. Porque yo estoy dispuesta a cambiar lo malo por la otra persona. Porque cuando me enamoro lo doy todo, y me sale caro. Por eso no quería enamorarme de tí.

Aún no ha llegado la persona que me demuestre que está a mi altura a nivel sentimental, y si aparece dudo que le permita llegar a demostrarlo, porque eso requiere hacerlo al tiempo de empezar, y no cuando todo es maravilloso. Y me ha salido tan caro que directamente paso. Paso de jugar más. No me gustan las apuestas. Y me ha jodido porque me ha quitado la ilusión y me ha dado más inseguridad de la que tenía de antes. Ha sido un palo detrás de otro. Sin buscarlo, no sin haberme esforzado en hacerlo todo bien. No sin pedir perdón y no dejarme dominar por el orgullo ni la mala ostia. Perdón por no ser perfecta, no soy yo la que se vendió así. 

Se acabó.

No hay comentarios:

Publicar un comentario