Ya he pasado por esto antes, este blog sólo me hace sentir un sabor agridulce. Las cosas buenas que he escrito se ven eclipsadas por todas las otras malas que he necesitado más compartir. Lo que sigue es lo que veía a escribir, pero... los post anteriores creí que me servirían de lección para cuando (ojalá no hubiera si do así) lo volviera a necesitar. Veo que todo sigue el mismo patrón, u ojalá, porque esta vez parece la historia interminable... Prefiero limitarme a disfrutar y no a escribir, por una vez. Ahí va el último post en mucho tiempo, creo:
Me estoy enamorando de mi misma...
Lo básico y fundamental para disfrutar del mundo, de la vida, y de los demás, es comenzar por estar a gusto con uno mismo. Si no estás conforme con quién y cómo eres, ¿por qué deberías esperar que los demás sí? Y si no eres feliz por ti mismo... no es aconsejable tratar de serlo con nadie más. Porque la felicidad parte de uno, y sólo debería depender de uno mismo. No podemos hacer a nadie responsable de nuestro propio bienestar.
Por eso, antes de enamorarte de alguien más, antes de relacionarte con los demás, enamórate de ti mismo. Quiérete, mímate como te gustaría que mimaran, como te gustaría mimar a otros. Sé feliz, y después expande esa felicidad a los demás; si quieres, y si no, ya serás feliz igualmente.
Y no es que me contradiga, porque en otro post dije que la felicidad sólo es real cuando es compartida. Para mi la felicidad plena es compartida, pero tiene que existir por ambas partes.
Me estoy enamorando de mi misma, y creo que no puede haber nada mejor :)
miércoles, 15 de octubre de 2014
sábado, 20 de septiembre de 2014
Segundas oportunidades
Mi parte de culpa fue pensar que eras ese que llegaría para quedarse.
Había logrado ser feliz sola y estaba en un momento de éxtasis, quizás no había pasado suficiente tiempo para alcanzar una estabilidad sola, y poder saber que realmente era feliz conmigo misma, haciendo frente a adversidades y no sólo disfrutando de los buenos momentos por los que estaba pasando. No estaba preparada para tener pareja, y lo repetí hasta la saciedad. En lo que me equivoqué fue en el porqué: yo creía que era porque no estaba preparada para dar amor, que en ese sentido seguía reprimida. No me veía capaz de confiar en alguien de nuevo, abrirme y entregarle mi corazón porque temía que me lo volvieran a romper. Esa parte era cierta, pero se me escapaba una más profunda, abstracta e importante: al vivir con ese miedo a que me volvieran a hacer daño, sólo me quedaba una segunda oportunidad para creer, y esa por fuerza mayor tenía que salir bien. Al no estar preparada, podían haber ocurrido dos cosas: que no me llegara a enamorar, o lo que ocurrió: que cuando me enamoré me lancé contra él, de brazos abiertos y a ojos cerrados. Lo que me pasó al romperme el corazón la primera vez, fue que no me creí capaz de volver a amar, y lo que me pasó esta vez al ver que sí era capaz, fue que necesitaba que este fuera el correcto. Si bien no creía que podría volver a enamorarme, sabía que no podría soportar una ruptura más. Esta vez tenía que ser el definitivo. Auné todas mis esperanzas e ilusiones, y sólo tenía cantidad para un intento más. Claro que, a nuestra edad y aún con tantos planes que elaborar por delante, hablar de definitivo puede ser muy pronto. Ése fue el verdadero problema: demasiado pronto.
Cuando después de que salga mal una vez, aparezca alguien que te hace creer de nuevo en el amor, se convierte en tu salvador. Pero cuando también tu salvador desaparece... entonces en esa ocasión sí que estás perdida, porque no te queda nada nuevo que vivir. Qué? Otro salvador? Ya he pasado por ello, gracias. He gastado antes de tiempo ese cartucho, esa oportunidad extra, y hoy por hoy, no me queda nada a lo que aspirar.
Esas frases de "tú vales mucho", "mírate al espejo y di aquí estoy yo", "sal a la calle e inspira hondo", qué se yo... son palabrerías que ya me suenan demasiado comunes y que no me hacen efecto, digamos. Me hacen pensar: "sí, claro, ya sé lo que pretendes y conmigo no va a funcionar". No me sirve la autoayuda, no me sirve ver aparecer a alguien maravilloso que me hable y me haga sentir que me comprende, que me acepta como soy aunque le diga que tengo muy mala ostia y que puede ser un problema... No me sirve nada porque por todo ello ya he pasado. Y ojalá, de verdad que ojalá que cuando lea esto dentro de pocos meses me de cuenta de que nuevamente estaba equivocada y había solución, pero creo que estoy siendo bastante racional en esta ocasión para saber que no es así, al menos a corto plazo. Que no es como cuando decía "oh dios mío el mundo se acaba, no veo futuro, no sé cómo amanecerá mañana si no está él", aun sabiendo que todo pasaría, aunque no tuviera ni idea del cómo. Esta vez sé lo que hacer y lo hago y aun así no me sirve, aprecio el arco iris, el olor de una flor, una conversación con mi abuela en la terraza, una partida de cartas con mi tío, la alegría del perro al verme, el amanecer como esperanza de una nueva oportunidad... Que no. Que no me funciona. Algún día llegaré a estar bien, ya lo sé, pero no tengo la esperanza de que esta vez sea a corto plazo, y sí creo sinceramente que me va a faltar ilusión por un tubo y por bastante tiempo. La lección que me queda aunque no quiera, es que no quise confiar, y confié y me arriesgué, y salió mal. Todas las futuras ocasiones comenzarán por confiar, y si ya por una vez me negaba, después de esto no invade mi espacio personal NI DIOS.
Y esto lo escribo en un momento de lucidez, porque ya empiezo a sentirme hundida otra vez. Cada día que mi subconsciente también se acuerda de él, me mata para todo el día... Irlanda es un clavo cada vez más ardiendo, porque empiezo a pensar que no me ayudará tanto como creía, y ojalá me equivoque.
miércoles, 17 de septiembre de 2014
Fuiste todo
Eras todo lo que nunca busqué porque no sabía que lo necesitaba, y sin lo que ahora no puedo vivir...
Everything happens too fast,
now it's a part of my past
everything changes so fast.
Stop the clocks forever...
now it's a part of my past
everything changes so fast.
Stop the clocks forever...
martes, 16 de septiembre de 2014
Soltar...
Me he dado cuenta de que, al menos en este preciso momento, lo que más me entristece no es saber que nunca volveré a estar a su lado, juntos, como pareja. Queriéndonos y haciéndonos felices mutuamente. Lo más triste de todo es que, por mucho que trate de imaginarle, aun lejos, no podré. No en presente. Porque ha cambiado. La esencia, la personalidad, el derroche de optimismo, de alegría, de ganas de vivir, y no por anhelo sino por la propia energía contenida en ese momento y porque ya estaba viviendo con todas sus fuerzas... ha desaparecido. No puedo imaginarle así en otra parte. No está. No se trata de que me eche de menos y quiera volver, de que algún día hablemos y eche de menos no estar con él a su lado, sino de que aunque hable con él, con quien en realidad quiero hablar no estará... No es solo que volviéramos, es que antes tendría que volver él, y ahora comprendo por qué nunca pasará lo primero. No se trata de algo físico: vivir juntos; de una decisión: volver; de un sentimiento: amar. Se trata de ser. Y he vivido personalmente esa experiencia, y comprendo y acepto la decisión de ir a buscarse a sí mismo donde quiera que lo necesite... No justifico las formas y achaques que yo he recibido para ello sin culpa. Lo que me jode es que cuando se vuelva a encontrar, no será a mi a quien busque. Tal vez a mí en otras, como mucho, pero ya no serán mis labios los que acaricien los suyos.
Y como al final de una película, como supuestamente ocurre a alguien que está a punto de morir... yo no hago más que reproducir una sucesión rápida de imágenes, recuerdos, ideas, emociones y sentimientos en mi cabeza: los smooy, el cine, cogerlos de la mano, el primer beso, la gymkhana, la primera noche, la presentación de su casa, las ganas de darle un beso en la subasta, cuando le pinté el ojo, esa tarde antes de ir a natación, la primera tarde después de la piscina cuando subí a su casa, el primer te quiero, los katakrokens, las llamadas de teléfono a casa estando a 10 minutos, por los katakrokens, por una receta o por contarme su fiesta de la noche anterior. Los audios que le acostumbré a mandar, las caminatas con la misma prisa que ganas a su casa, por el medixo, la vez que fue nervioso a buscarme al alsa, la vez que yo le recibi aun más nerviosa a la vuelta de navidades, la primera vez que me llevó en coche y también por eso estaba nervioso, las fotos idiotas, sus mensajes al informer sobre la chica de lugones, cruzar la puerta de la biblio y verle ahí, los sacrificios tontos pero constantes que no vio, como bajar en patines aquella noche hasta la biblio sólo por llevarle pastillas para la cabeza y unos cuantos besos, las pelis en el sofa y quedarme dormida y feliz entre sus brazos, los skype, esa puñetera postal, sus jerbos, navarra, siam y la confianza que me faltó ganarme, sus ojos de mi color favorito, su peca del labio, sus acosos mientras iba al baño, esas duchas, el baño de espuma, Alegría, el tierra astur, ir a caballito por la calle ancha, su "tengo ganas de estar conti" el dia de las novatadas y mi corazon que empezaba a latir mas fuerte, el taxi de aquella noche y la primera vez que supe que hicimos el amor, los cortos por zonas desconocidas como las dos torres, odin y no se que mas... sus banquetes que me preparaba y enseñaba a cocinar, la de veces que llamé al 2ºD, con la bici, empapada, en patines, acalorada, cansada, enfadada, contenta, cargada de cosas... Pero lo más recurrente últimamente, es el beso que le pedí al acabar la subasta, cuando nos íbamos. Cuando empezaba a sentir, cuando todo prometía, cuando me empezaba a atrever...
Y me pregunto, cuando metí la pata? Porque lo más maravilloso que me ha pasado es lo que me está costando tan caro ahora. Me duele plantearme si mereció la pena, y me duele sin más. Cada día más. Tanto que no lo puedo soportar. Cada vez menos...
lunes, 15 de septiembre de 2014
Por qué
Y ponerme nerviosa al esperar verte, y saber que lo próximo que haría sería sonreír...
Y recordar cualquiera de nuestros momentos compartidos, y preguntarme por qué coño no quieres estar conmigo, por qué de repente, por qué, y por qué, y por qué... Y estrellar la cabeza contra la mesa porque mientras no lo entienda no lo asumiré y no podré seguir... Y cada vez puedo menos. Y me pregunto por qué si lo he pasado tan mal, si has hecho cosas mal, por qué no soy capaz de darle más peso a eso que a lo demás, y en el fondo sé que es porque lo demás fue increíblemente maravilloso, inesperado e inimaginable antes para mi.
Me veo a mi misma caer sin remedio. Esta vez no hay fuerzas de flaqueza.
jueves, 11 de septiembre de 2014
Micromomento regalado
Durante la última hora larga, había ido notando cómo mi estado de aflicción iba en aumento. Y en lugar de luchar contra él, me dejaba arrastrar y ya empezaba a leer y mirar cosas, pensar y recordar y darle vueltas a, en definitiva, el pasado...
Pero como por arte de magia, aparece la persona que más me ha entendido siempre, y que más mágico me parece que así sea por la distancia física y temporal que solemos tener, al leernos únicamente por carta cada ciertos meses... Y ahí está, preocupándose por mí con ese cariño que sólo a ella le sale tan espontáneamente y logrando no parecer melosa. Y me habla de ir a visitarme allá a donde voy, y remata diciéndome de telefonear el fin de semana. Y como es algo que nunca antes hacíamos por no romper la tradición de las cartas, me llena de ilusión. Este año la he visto ya en persona y hemos hablado por teléfono dos veces, DOS VECES! Parece tan insignificante comparado con lo que hablo con otras personas... y a la vez con sólo ese poco gana tantísimo...
Las cosas en su justa medida se valoran mucho más; realmente como son. Y ella es, no sé si mi mejor amiga, pero sí mi amiga más especial. Sólo temo que se rompa la tradición de las cartas. En realidad, temo que si se rompe la tradición de las cartas lo que llegue a romperse sea nuestra amistad. Es lo que nos da la estabilidad.
Pero lo que he venido a contar, es la capacidad y facilidad que tiene y ha tenido siempre para reconfortarme, y lo agradecida que me siento por este micromomento de felicidad que me ha dado, con sonrisas espontáneas incluidas.
jueves, 4 de septiembre de 2014
Hechos y palabras
"Hola buenas tardes, días o noches porque no sé a qué hora puede llegar esta postalica Navarrica.
Esta ha sido la elegida (la postal) para que empieces a asumir que en pocos meses vas a estar en todo el medio (donde el balón de KELER) :) Te echo tanto de menos... aunque estemos lejos siempre estoy hablando de ti, pensando en ti y con ganas de hacer mil cosas juntos así que... PREPÁRATE!! Pero lo más importante es que... DÉJAME EN PAZ!!! DÉJAME VIVIR!!!
Te quiero mucho mi vida y recuerda que tan grande es la distancia, más grande es lo que te quiero. Pronto nos vemos!!
Pila muxu aundi bat!
Te quiero, (...)".
martes, 2 de septiembre de 2014
Órdago a la felicidad
Y haces all in. Y sólo por ese instante en que crees que podrías ganar todo lo que un día tuviste, sabes que ha merecido la pena el riesgo. Porque no te valen las medias tintas, porque nada te hará feliz salvo tenerlo todo, y sabes el alto precio que vas a pagar si pierdes, pero también sabes que no hacerlo sería una hipoteca de por vida de todas formas, aunque el precio a pagar fuera más paulatino. Lo diste todo, lo hiciste de la mejor manera que pudiste y supiste, y perdiste. No es culpa tuya. Sí, podías haber hecho más, pero no, no habría servido para nada, porque él ya había alcanzado su tope con mucho menos por tu parte.
Porque cuando has vivido la felicidad plena, no te conformas con menos. Y porque apostar por esa felicidad hace que merezca la pena el riesgo y el esfuerzo. Porque, ¿por qué no? ¿Desde cuándo no intentar ser feliz merece la pena?
Y yo creo que la felicidad debe ser compartida. Creo que hemos nacido para formar una familia, y por eso creo que la principal meta en la vida es encontrar el amor. Un trabajo que te llene para poder volver a casa a amar a esa persona, unas amistades que te saquen de tu nido de amor para cambiar de aires, y hacer las tonterías con los tontos de siempre. Una familia precedente con la que cenar en navidad y visitar de vez en cuando, o mantener conversaciones telefónicas preguntando por recetas caseras. Pero que cuando cuelgues el teléfono, retomes la conversación con él, que estaba ahí detrás rondándote, tan loco por ti como el primer día. Ese es mi objetivo en la vida. Ese era mi objetivo en la vida. No me veo con fuerzas para volver a amar así a nadie, ni creo poder encontrar a nadie más afín a mi persona perfecta. Que me haga temblar las manos con solo verle acercarse a mí, que me traspase con la mirada de esa manera, y que dentro de su abrazo me sienta protegida ante cualquier catástrofe natural. Que me haga reir como una loca, y sonreir cada mañana por tenerle en mi vida. No puedo seguir...
domingo, 24 de agosto de 2014
Esto
"Soy muy feliz. En este momento
junto a ti, viendo tu cara iluminada por esta luz… Hay una ligera brisa que
entra por la ventana y… y sí, me da igual vivir diez mil momentos más como
este, o solamente este porque… es lo mismo. Sí, sólo eso. Ahora mismo, en este
momento… tengo esto".
Amor y otras drogas.
miércoles, 20 de agosto de 2014
Buenos consejos
Una amiga no es la que sale contigo de fiesta. La que te
deja copiar de su examen en la universidad, o la que se pasa contigo las tardes
tomando cafés. No es necesariamente aquella a la que ves todos los días ni con
la que te pasas el día cotilleando. Una amiga es la que, cuando lo necesitas, y
pese a llevar un año sin veros ni hablar demasiado a menudo, te da su apoyo y
consejos, tal es el caso de este:
“Decidas lo que decidas, no pienses en lo que rechazaste,
sino en lo que aceptaste”.
Y detrás de una frase tan simple, se esconde básicamente
todo un futuro: todo lo que venga detrás de una decisión y, lo más importante
de todo, el cómo afrontarlo. Porque no es lo que tenemos lo que necesariamente
nos hace felices, sino la interpretación que nosotros hagamos de ello. Tomar una
decisión, y desde ese momento no poder dejar de pensar en aquello que hemos
dejado pasar, en los “y si…” y en que tal vez hayamos elegido mal no nos ayudará en absoluto. Sin embargo, podemos vivir con esa misma decisión tomada, pero disfrutando de lo que hemos escogido,
sin mirar atrás. Porque nunca sabremos cómo habría sido de escoger a la
inversa, pero tampoco sabremos si ha merecido la pena si, una vez elegido, no
hacemos caso a aquello con lo que nos hemos quedado, y que supuestamente había
hecho inclinarse hacia su lado la balanza.
Así que, por saber decir las palabras
correctas en el momento oportuno, gracias.
lunes, 18 de agosto de 2014
Generaciones
Últimamente, cada vez que veo un viejecito por la calle, pienso: los miramos como si ya no valieran nada, inútiles y desconocedores de todos los avances del siglo XXI... Pero ¿y todo lo que han vivido? Me lamento de mis problemas actuales, y ellos vivieron muchos pasados. Y no sólo las guerras, que no las desprecio pero soy totalmente incapaz de ponerme en su lugar, sino todo lo que yo ya he pasado, y más. En realidad no he pasado nada en comparación, pero preocuparme por mi futuro, por desamores, por problemas en casa, por viajar... Todo lo han vivido. Tienen su vida a la espalda. A veces les envidio, porque han tenido el derecho de vivirla entera. Ahora mismo con todas las cosas que pasan, quién sabe si podremos tener hijos, si llegaremos a vivir tanto o un accidente de avión (de eso que ni tenían ellos) o el puto ébola que de repente ha vuelto, nos mata antes.
Y toda esa distancia y diferencias que pueda haber entre nosotros, desaparece cuando un abuelo mira a su nieta, y le sonríe.
Cada vez que voy a verle le encuentro peor. Y hoy creí que no podría aguantar las ganas de llorar. El pobrecillo se está apagando cada día... Pero al mismo tiempo también me ha hecho sentir ganas de llorar cuando me sonreía. Me hablaba más que a mi madre y sus hermanos. Y en un momento puntual volvió a sonreir y me dijo, con voz audible y clara: no te pareces a tu padre.
Creo, o quiero creer, que al menos cuando me ve a mi se centra, y creo que es consciente de todo. Me quiso decir que no tenía nada para darme, que no tenía fuerza... Es muy triste que sea consciente de su venirse abajo.
Quizás sea egoista, pero estoy contenta porque he vivido algo muy especial hoy con él. Sólo con mirarme a los ojos fijamente, me veía de verdad. Tal vez en otros momentos se vaya, no sepa dónde está o diga cosas sin sentido, pero al mirarme, estaba ahí, justo delante de mí.
sábado, 9 de agosto de 2014
Cosas sin tachar de lista sin hacer
Me siento vacia.
Hace tiempo que aprendí a apreciar esos momentos que después ves en fotografías y dices: tendría que haberlo disfrutado más, ser consciente de lo importante que era en ese preciso momento. Ahora soy capaz de vivir esas emociones siendo consciente de ellas, lo que me hace disfrutarlas doblemente. De igual manera, no hace tanto, aprendí a percibir los momentos en los que pierdes el tiempo, cuando después mira atrás y dices: ahí tendría que haberme dado cuenta de que tenía que aprovecharlo. Pues ahora también soy capaz de ver eso. Soy capaz de ver cómo me siento de vacía, que ahora mismo sale el sol entre todos los nubarrones que hay, y podría coger la bici e irme a dar una vuelta yo sola porque, todo el tiempo que iba a estar aquí muerta del asco, se esfuma. Porque tal vez en dos semanas esté cogiendo un vuelo de sólo ida, dejando atrás de nuevo a mi familia, pero en esta ocasión también mi bici, a Estelo, mi pequeña libertad alone... para cambiar de aires, eso sí, pero no para disfrutar plenamente de lo que es vivir independientemente. Allá donde vaya no puedo pretender encontrar León, con todo lo que ello implicaba. Eso nunca volverá.
Pero si hoy he venido a escribir aquí es por el vacío que siento. Por la frase que se me repite en la cabeza cada vez que veo una pareja hacer planes sencillos y seguir adelante: "con lo fácil que sería...". Ya no es tanto el "y si..." como la simple pregunta "¿por qué?". Es imposible no sentirse infravalorada y con la autoestima por los suelos cuando el motivo, si es que yo he generado alguno, para que todo esto se rompiera, fue tratar de no perder a esa persona. Que nunca se me ha podido tachar de pasar de la relación, de mirar sólo por mi, de no tener en cuenta a la otra persona... porque siempre peco de hacer todo lo contrario.
Y busco y busco, y por más que intento encontrar aquello que de verdad quiero hacer, ninguna de esas cosas me encaja en la mente a la perfección, como cuando tratas de recordar el nombre de alguien y sólo se te vienen algunos parecidos y no te acaban de convencer, porque lo único que me convencería sería estar con él. Contarle mis días, escuchar sus bromas, sus mensajes cuando vuelve de fiesta a casa, sus buenos días y sus buenas noches, sus fotos y vídeos haciendo el mongol, el sonido de skype que ya no puedo asociar a él, y la emoción que no he llegado a vivir de comprar los billetes y montarme sola en ese tren para ir a verle.
Sufrir por la distancia de un amor correspondido no es ni comparable a saber que nunca le volveré a ver por falta de sus ganas... Que nadie me diga que no compensa.
viernes, 8 de agosto de 2014
Fases
No es la primera vez que me rompen el corazón. Esta vez es más triste porque pese a todo lo que dije que no volvería a pasar, lo he pasado. Y porque esta vez estoy siendo consciente de las "fases" por las que se pasa a partir de uno de tantos momentos en los que "se acaba", hasta que por fin se termina del todo. Llega a ser tan agónico que cuando llega el momento del punto y final, al menos por un momento sientes incluso alivio.
El caso es, que he vivido en primera y tercera persona la fase clinex y no salir de la cama, la fase "paso de tios", la fase "yo valgo mucho"... Soy consciente de por donde voy, lo patética que puedo resultar, y adonde voy a terminar llegando. Lo más triste es, que pese a todo, no puedo saltármelas y llegar al momento "soy dueña de mi vida y la disfruto plena y sola porque no necesito a nadie más". Es lo que pienso, pero saberlo no hace que pueda hacer una pelotita de papel con el dolor y el amor que aún siento dentro, y marcarme un triplazo de aquí a la papelera.
Lo que más me duele es que ni estando dispuesta a darlo todo, se me quiera. Ya no por lo que soy o lo que valgo, no... Que ni sabiendo que hoy, este fin de semana, habria sido un cúmulo de sorpresas y emociones que correrían por mi cuenta y bolsillo (muy apretado y aun asi con una clara prioridad por la que haria el esfuerzo), se me quiere. No me consuela pensar que tal vez, de todas las felicitaciones, sea la mia la que eches de menos. Lo que me jode, es que seas capaz de hacer balanza, porque para mí el amor siempre que se apoya en un lado la destroza. No hay balance posible cuando se ama, y es que en mi caso ya habría cogido el teléfono o incluso el tren y me habría plantado en la puerta diciendo que el único regalo de cumpleaños que quiero, eres tú. Y que sé que con la distancia será difícil, pero que sólo por el simple hecho de que te quiero merecerá la pena al menos intentarlo. Así soy, así pienso, y cuando me queden ganas, algún afortunado tendrá la suerte de que le de la oportunidad de demostrar que es así, porque no me vale nada por debajo de esto.
Y ya se que cuando se me pase volveré a dar la oportunidad a algún mindungui, ya lo sé joder, que ya he dicho que he pasado por esto. Pero no me agrada la idea porque también he pasado ya por la fase "da otra oportunidad y sorpréndete con el nefasto resultado, por idiota". Lo que menos me agrada es que en el primer caso el listón podía subirse, pero en este caso, va a ser difícil encontrar a alguien que cumpla todos los requisitos, cuando tú no solo completaste la lista sino que la ampliaste. Tener todo lo bueno con creces no ayuda mucho a aceptar a cualquier otra persona... Porque no te quiero a ti solo porque te quiero, a nivel emocional, sino tambien materialista. Me gustabas obje y subjetivamente. Ese es el problema.
Que había encontrado a alguien que tenía todo lo bueno y más de lo que yo buscaba o pedía. Que me había jurado no cambiar por nadie, no volver a perderme, y había logrado no hacerlo. Había encontrado alguien con quien bromear, reírme, aprender, viajar, disfrutar de gustos comunes, atreverme a probar más, y ser yo misma...
Fue en el momento en que tendría que haber empezado a perderme a mí para mantenerme a tu lado, cuando me vi obligada a plantarme. Los hechos y tu actitud demostraron que a quien debía perder, era a tí.
miércoles, 6 de agosto de 2014
La culpa y el perdón
La única manera de librarte de la culpa es dejándola llegar, inundarte de pies a cabeza, y después soltarla.
Por mucho que tratemos de evitarlo, la culpa siempre llega. Pero atrasar el momento solo sirve para que tal vez sea demasiado tarde para poder recibir el perdón con que aliviarla.
Yo siempre dije, que lo que más vale de todo, es no llegar a tener que pedir perdón.
Por mucho que tratemos de evitarlo, la culpa siempre llega. Pero atrasar el momento solo sirve para que tal vez sea demasiado tarde para poder recibir el perdón con que aliviarla.
Yo siempre dije, que lo que más vale de todo, es no llegar a tener que pedir perdón.
miércoles, 30 de julio de 2014
Muro II
Pero, y ¿qué me queda a mí ahora? Qué hago si, tras haber sufrido y creer haber aprendido a hacer las cosas mejor, y haberlas hecho así, no me ha servido sino para sufrir más, para dejar que me pisoteen? Ahora soy yo la que tiene que volverse cruel e insensible, construir un muro para evitar que me vuelvan a reducir al polvo? Es eso lo que pasa? Todos acabamos volviéndonos malos? No quiero ser mala, y la experiencia me dice que siendo buena me harán daño. Yo, que soy una soñadora y enamorada del amor. Yo que estaba dispuesta a darlo todo por una persona, y aun creyendo que sería incapaz de volver a hacerlo, lo hice con la misma o más gana aún.
Me han robado algo más que el corazón. Me han robado las ganas y el valor de ser yo misma. Y creo que esta vez no se me pasará con el tiempo y otra persona que aparezca y se empeñe en mí, poniéndome en un pedestal. Atrás quedaron los años universitarios, de tonteos fáciles y noches para dejarse llevar. Me conozco demasiado bien las tretas para hacerme caer, y toda promesa me suena a superficial y barata, difícil de cumplir.
He dejado de creer.
sábado, 26 de julio de 2014
Muro
A veces pasa que, cuando vives una experiencia negativa que de una forma u otra te llevó a ser alguien que no eras o con quien no estabas conforme, el resultado final es muy doloroso. Cuesta superarlo y volver a ser quien eras. Cuesta abrir los ojos que tanto tiempo habías tenido cerrados, y reconocer hechos que antes no habías querido ver. Pero, poco a poco, cuando esto sucede, vas dándote cuenta de en cuántas ocasiones no estabas equivocado, cuántas cosas habías hecho bien, y cuántas veces habías sentido culpa sin razón. Llegas a entender todo lo que pasó, el porqué, y también todo lo que te habías estado perdiendo por no darte cuenta antes de la situación para plantaros, tú y tu dignidad, y decir BASTA. Establecer tus límites por delante de tus principios, siempre un paso por delante, para que nada ni nadie los pueda corromper. Vuelves a valorarte como nunca antes debías haber dejado de hacerlo y, si eres justo, también serás capaz de darte cuenta de los errores que has cometido durante ese duro camino.
De los errores se puede aprender para bien o para mal. De una mala experiencia, una vez que se ha superado, puedes sacar conclusiones y lecciones muy valiosas de cara a tu futuro, para así poder decir: esto no me volverá a pasar. No volveré a equivocarme de la misma manera, procuraré no ser tan orgullosa, o utilizaré el diálogo en lugar de voces en tono acusativo. Sin embargo, en lugar de tomar la experiencia como algo de lo que aprender para ser mejor persona, para "crecer" y hacer las cosas mejor, también puede suceder que el pensamiento que se implante en tu mente sea "esto no lo voy a volver a consentir", y que esto se asiente de manera tan firme que llegue a ser un arma de destrucción para cualquiera que trate de acercarse, sea con la intención que sea. Que en lugar de haberte quitado la venda de los ojos, hayas construido un muro que te ciegue aún más, y sea más inamovible. Que no busques enmendar errores y hacer las cosas mejor, sino que consciente o no te vengues de cada puñalada sufrida en el pasado con quien no está aquí y ahora haciéndote lo mismo.
Y ahora entiendo por qué no podía pasar: porque al quitarme la venda, he visto un muro enorme ante mis ojos.
viernes, 25 de julio de 2014
.
Viendo los últimos acontecimientos, la crueldad, frialdad e insensibilidad con la que me pudo llegar a tratar... me hace sentir avergonzada solo por estar lamentablemente tan enamorada de él aún. Y avergonzada por todo el derroche de sentimientos que fui poniendo aquí de manifiesto. Por primera vez, hasta de aquí me apetece hacerlo desaparecer.
Lo había pasado mal anteriormente. Pensaba que esta vez lo llevaba mejor. Pero nunca me hicieron sentir tan miserable y tener tantos deseos no sólo de mitigar el dolor, sino de que nunca hubiera existido esa persona.
Me siento mal. Muy mal... Siento que pierdo la dignidad a cada paso. Me siento cada vez más pequeña, más incomprendida y a al mismo tiempo cada vez entiendo menos. No entiendo esa exigencia extrema y sin venir a cuento de respeto, y esa falta total de respeto hacia mi persona. No me trata como una persona. Ni a los de las compañías telefónicas he despreciado tanto cuando llamaban. Me es, sencillamente, inaceptable. Nunca jamás lo entenderé. Es como si se hubiera enterado de que yo conspiré contra él en algo, como si le hubiera traicionado, y tratara de vengarse de mí a sangre fría. No veo más que la venganza en los ojos que no puedo olvidar. Me siento asqueada por sentir algo.
Por favor hazme olvidar...
martes, 15 de julio de 2014
..
Nos quisimos tanto... Tantas noches durmiéndonos abrazados. Tantas manos agarradas con fuerza. Tantas miradas llenas de mensajes. Tantas risas y sonrisas... Y tanto rencor acumulado en discusiones no solucionadas a tiempo por evitar hablar de más, que ahora no ha provocado más que silencios, malas formas y puñales, como punto y final en forma de borrón a una historia breve pero intensa, que algún día prometió ser muy bonita y duradera, llena de ganas y pasión.
¿Cuánto de aquello fue verdad? ¿Por qué esa necesidad de hacer daño hasta el último momento?
Sólo quería quererte toda la vida, y hacerte feliz.
Perdón por intentar que ambos nos entendiéramos. Es la cruz que me llevo. Siempre quise mejorar...
domingo, 13 de julio de 2014
Cenizas
La esperanza es lo último que se pierde. Se va mitigando y desapareciendo poco a poco, pero siempre queda un resquicio, algo que no la deja irse del todo. Es como las brasas que quedan en la leña de la chimenea toda la noche, donde antes hubo fuego y alegría. Una noche que se hace tan larga como puede hacerse un sueño dentro de una cabeza que tan sólo lleva soñando unas pocas horas. Un sueño puede representar toda una vida, y en realidad haber transcurrido cinco minutos. Unas brasas pueden durar horas y horas, aunque en realidad no estén quemando nada. Pero nunca volverán a arder por sí solas, al igual que los sueños nunca se convierten por sí solos en realidad.
Y aún cuando parece que por fin las brasas se han apagado, cuando el tronco ya está frío, aún queda algún punto anaranjado en él. Y aún tras haberse apagado, quedan las cenizas, rastro del daño y heridas que han causado al que antes era un tronco entero. Puede llegar a reutilizarse para encender una nueva llama, pero nunca volverá a arder con la misma pasión. No volverá a darlo todo de sí porque, sencillamente, ya no está todo él.
sábado, 12 de julio de 2014
Que te jodan
La gente subestima lo que es hacer daño a una persona, daño sentimental. Tal vez sea porque nunca se han entregado y dado tanto por alguien para luego no sólo no recibir lo mismo o similar a cambio, sino además achaques, malas maneras, faltas de respeto y, casi lo peor, indiferencia.
Mi primera relación estuvo llena de ganas y de errores por ambas partes, y una vez superada la tomé como una gran lección de vida. Aprendí a valorarme más a mí misma, a vivir de manera independiente, a tomar mis decisiones mirando sólo por mí, a disfrutar de la vida en esencia sin necesitar a nadie a mi lado para sentirme plena. Pensé que me había venido genial para redescubrirme, para reencontrarme conmigo misma, para saber quien soy, y además, para no volver a cometer los mismos errores cuando llegara alguien que lograra conquistar de nuevo mi corazón.
Y ese alguien llegó, antes de lo esperado, antes de que yo estuviera preparada. Y tardé en abrirme, en querer abrirme, en reconocer que estaba de nuevo enamorada. Era una persona totalmente diferente a la anterior en muchos aspectos, pues aunque no quisiera comparar, no estaba preparada para dejar atrás todo el dolor y recuerdos de mi pasada relación. Al contrario que en aquella, en la cual al ir conociendo a la otra persona me sentí decepcionada en cierto sentido, porque tenía características que había ocultado y al ir conociendo no eran como esperaba y no me gustaban en principio, en este caso no hacía más que descubrir maravillas y virtudes de esa persona. De verdad pensé que esto era una recompensa a mi sufrimiento pasado, que por fin había conocido a alguien maduro, responsable, con las ideas claras y que me aportaría algo más estable. No creía, o más bien no quería creer, que duraríamos. Porque oía cosas similares al pasado: "eres perfecta", "quiero casarme contigo", "quiero vivir contigo", "iré a vivir donde tú estés". Este tipo de cosas no las quieres oír para no creértelas, porque hacerlo sólo sirve para crear unas expectativas de futuro, para esperar por un futuro que es más probable que no llegue a que sí.
Y ese futuro no llegó. Sino que poco a poco fui descubriendo a una persona autoritaria, que cada vez que quería expresarle mis preocupaciones sobre nosotros, cerraba los oídos. Una persona que, cada vez que discutíamos, me "castigaba" con decisiones que él tomaba. Que me dejaba por cabreo y "por chula" y cuando él quería hablábamos y lo arreglábamos, pero si él no quería, "ahora no, y punto". Se acostumbró a faltarme al respeto "eres una pesada", "eres una plasta", "déjame en paz", "me agobias", "es que siempre estás mal", "para ti todo lo hago mal"... Y yo empiezo a pensar en todo lo que hago mal, empiezo a tener cada vez más miedo de expresar cómo me siento; porque cuando tenía los katakrokens, cuando aún no éramos nada... entonces cogía el teléfono encantado para oír mis ralladuras y ayudarme a eliminarlas. Pero ahora que me tiene... ahora me marea, hoy me quiere y mañana no, y no tengo derecho a pedir explicaciones, a decir que tengo sentimientos y que no soy la última mierda, "hoy no vamos a hablar, y punto" "porque estoy de fiesta". Porque lamer el culo a colegas que si llegas tarde a comer se lo han comido todo y no te han esperado, que se van corriendo de la facultad y no te esperan, que te quitan una lata de la nevera y no reconocen que es tuya, que si tú te quejas de algo de la casa te contestan mal (como si yo me quejo de algo tuyo y me contestas mal... qué similar...)... eso es achantar, y como frente a ellos se achanta, para poder hacerlo hay que hacerme achantar a mí. Primero ellos, tú te callas y esperas, y ahora tú, si eso.
Y esta es mi visión, y me da igual interpretar cosas mal, porque estoy harta. La otra vez acabé volviéndome loca pensando que tal vez no tenía razón, y resultó ser que sí. Y ahora sé que también, y me habré equivocado, pero sé en lo que no, y también sé que estoy harta de decir que quiero hablar las cosas, no sólo para expresarme yo, sino para saber qué hago mal y CAMBIARLO. Porque yo estoy dispuesta a cambiar lo malo por la otra persona. Porque cuando me enamoro lo doy todo, y me sale caro. Por eso no quería enamorarme de tí.
Aún no ha llegado la persona que me demuestre que está a mi altura a nivel sentimental, y si aparece dudo que le permita llegar a demostrarlo, porque eso requiere hacerlo al tiempo de empezar, y no cuando todo es maravilloso. Y me ha salido tan caro que directamente paso. Paso de jugar más. No me gustan las apuestas. Y me ha jodido porque me ha quitado la ilusión y me ha dado más inseguridad de la que tenía de antes. Ha sido un palo detrás de otro. Sin buscarlo, no sin haberme esforzado en hacerlo todo bien. No sin pedir perdón y no dejarme dominar por el orgullo ni la mala ostia. Perdón por no ser perfecta, no soy yo la que se vendió así.
Se acabó.
lunes, 7 de julio de 2014
Te quiero
Te quiero. Llevo tiempo queriendo decírtelo y me está matando por dentro, me está consumiendo. Es como una burbuja que se hincha más cuanto más la retengo dentro. Y no es el te quiero. No son las palabras. Es que te quiero. Quiero poder decírtelo en cada palabra, en cada forma de decirte una frase. En el tono de voz, las palabras cariñosas y las caricias. Las miradas que acompañen a las palabras. Las sonrisas que se me escapen y tiñan eso que te digo de un color más tierno.
Es lo que quiero hacer por ti, las preocupaciones que quiero compartir contigo, las ayudas que quiero brindarte. Es que te miro y me derrito no por lo guapo que estés o lo maravillosa que sea tu mirada, sino porque es a ti a quien miro. Es las ganas de llorar de dicha por ser tú, como si las lágrimas que expulsara fueran las que me liberaran de esta presión que ahora siento que me va a desbordar.
Necesito que me dejes quererte, porque todo este amor lo has generado tú. Es para ti. No lo necesito si no estás, y no ha nacido para quedarse dentro.
De todos los errores y malos momentos se aprende. Yo he hecho bien contigo lo que he aprendido de mi anterior error, y he aprendido y estoy dispuesta a enmendar contigo mis nuevos errores. Sólo espero que tú no tengas que esperar a conocer a otra persona para aprender que hablar no es discutir, que hablar es comunicarse y eliminar las barreras que traten de interponerse entre nosotros durante el camino. Espero que recapacites y quieras quererme y, de hecho, me quieras, porque yo soy la que va a hacerte feliz.
domingo, 6 de julio de 2014
Lecciones de vida
Primera y única anotación en un proyecto frustrado de diario. Madrugada del 12 de febrero de 2008.
"Empiezo a sentir cierta nostalgia al ver la habitación, empieza a surgir en serio la corazonada de que en junio quedará confirmado que me voy, pero aún no sé adónde. Ojalá estuviera tan segura como los demás, como antes, cuando creía que el INEF de León era igual que el de Madrid; pero sin gimnasia rítmica no va a ninguna parte; claramente, es una mierda, y muy cutre".
Me gustaría decirle ahora, seis años después y recién abandonada la vida en León, "querida... no tenías NI IDEA de todo lo que ibas a vivir. Aún no habías salido al mundo ni habías sufrido de verdad. No habías tomado decisiones, no sabías ni te esperabas que fueras a ser tan infeliz, y que pudieras llegar a ser tan feliz". También le habría dicho que aprovechara cualquier oportunidad que se le pasara por delante, que no por mucho tratar de aprender con los estudios iba a lograrlo, y que hacer todas las escapadas que pudiera le iban a formar para algo más importante: la vida. Se habría enriquecido mucho más. Debería haberse dejado llevar más, atreverse más, no atarse al primer chico del que se enamorara, porque ni el primer amor es el único ni el mejor. Si alguna chica joven se pasara por aquí de casualidad, le diría que viaje, que viaje todo lo que pueda porque conocer el mundo sí es crecer como persona y formarse de verdad. Que en cualquier carrera que estudie se sentirá vacía e inútil al acabar, y perdida. Sobre todo perdida. Que experimente con los chicos pero sin ser una suelta. Que se deje llevar. Que las amistades de la universidad pueden ser para toda la vida, pero también hay que saber escogerlas. Y que todo lo que parezca una locura, lo es. Pero que no encontrará una etapa mejor para cometerlas. Y nunca se habría sentido mejor. Que el orgullo nunca es la solución sino la causa de los problemas que están detrás del supuesto problema ante el que se está imponiendo el orgullo. Que discutir por quién tiene razón no es el problema, sino las actitudes que se muestran con tal de tener razón. La pérdida del respeto ajena y de los sentimientos. Que al final, las mayores tonterías, ya sean buenas o malas, son las que marcan. Las pequeñas peleas forman la bola que revienta con la relación, y las pequeñas tonterías que digas cenando con tus compañeras de piso acabarán en una cartulina pegada en la pared, y te harán saltar las lágrimas cuando las recuerdes.
A cualquier chica que se pasara por aquí, a esa chica del diario de hace seis años, le diría que no busque ni planee vivir, y que viva de verdad. Que muy pocas veces te arrepientes de lo que has hecho, y muy pocas no tiene solución. Pero muchísimas veces te arrepentirás de lo que no has hecho, porque nunca podrás volver a aquel momento.
Pilares
Son las experiencias de la vida, sobre todo las malas, las que te hacen conocerte cada vez un poco mejor. Las que, a su vez, te hacen darte cuenta de lo que verdaderamente te importa, y lo que, en realidad, no importaba tanto.
Desde pequeña, y tras el puesto de camarera, la profesión que siempre quise desempeñar más en serio fue la de veterinaria. Los animales (salvo serpientes, arañas, y algunos asquerosos) siempre me inspiraron una gran ternura. Como leí en un libro del instituto, al igual que a la protagonista a mí me daba más pena la muerte de un animal que la de una persona cuando había un accidente.
Desde que recuerdo he tenido animales. Lo primero de todo, caballos, y desde los 6 años, perros. No imagino mi vida sin el apoyo y amor incondicional que te brinda una mascota, y la pérdida de algunas me ha marcado severamente.
Otro punto de inflexión considerable en mi vida ha sido la gimnasia rítmica. La pasión y deseo que tenía por mejorar y entrar en el equipo, el único factor que me ayudó a salir de una media depresión que tuve cuando, tras un primer desmayo por la sangre, tuve que renunciar al sueño de ser veterinaria y cogí pánico a sufrir más desmayos. Finalmente, lo mal que lo pasé cuando, para variar, tuve que decidir yo renunciar a esa forma de vida.
El último aspecto clave que me mata, es el amor. Creí que tras superar la primera ruptura no iba a volver a pasarlo así en la vida, que sería capaz de controlar la situación, pero supongo que eso depende de la medida en que se entregue cada uno. Yo doy todo el corazón, y ante esas frases que dicen que la felicidad no puede depender de otros más que de ti mismo, yo digo que una mierda. Si no te entregas no eres feliz, y no te harán estar triste después, pero tampoco habrás disfrutado como debieras.
Los animales, la gimnasia y el amor, son tres pilares de mi vida que siempre van a hacer que me derrumbe cada vez que me falte uno. Respecto a la gimnasia, el derrumbamiento lo sufro cada vez que veo o asisto a alguna competición; es una herida mal cerrada de por vida. Sólo sueño con poder casarme y llorar de alegría en mi propia boda viéndole esperarme, allá al fondo, con la misma emoción en la mirada que yo. Y tener un perro esperando en casa cuando lleguemos.
Aun así, mientras escribo esto, soy consciente de que aún me quedan muchos palos que recibir, y mucho que aprender. Me siento pequeña...
sábado, 5 de julio de 2014
No time
Haces planes para entrar a una carrera y no sacas la nota que esperabas, haces planes de pareja y se rompe, haces planes en base a un empleo y lo pierdes, haces planes de familia e igual no puedes tener hijos. Compras un caballo y está cojo, compras un hámster y tiene más alergias que tú. Compras una bici de segunda mano para ahorrar y sale más cara la reparación que una nueva, lo mismo que cuando vas a cambiar la pila a un reloj.
Hasta que dejas de ponerte relojes, de mirar la hora, de contar el tiempo y de hacer planes. Porque al final lo único que va a salir según estaba planeado es tu vida, y no está en tus manos sino en las de un destino que nunca te va a adelantar acontecimientos.
Ni los deseos de las pestañas, los de las velas de cumpleaños, ni los de la hoguera de San Juan se van a cumplir. No podemos esperar recompensas a los esfuerzos ni regalos por arte de magia. Así que, una vez más, que viva el puto Carpe Diem.
viernes, 4 de julio de 2014
El gato y el ratón.
Voy a empezar a pensar que todo lo que escribo aquí lo gafo. Me dan ganas de reír ya más que de llorar. He llorado demasiado en cuestión de cinco días; me escuecen los ojos.
Hace más o menos una semana decía que había encontrado de nuevo el amor, más maduro pero no por ello menos loco... quizás haya acertado en lo de loco, y puede que en su propia locura se haya ahogado.
Empiezo a pensar que tal vez tengo demasiado aguante, en el sentido de tener excesivas ganas de luchar, de insistir... Al final peco de eso, se me tacha de pesada, de agobiar... ¿Me esmero demasiado? ¿Debería ser más pasota? No busco una relación perfecta, sólo creo en la confianza, la sinceridad y la comunicación como base de una pareja. El exceso de evitar la comunicación por su parte provocó tal vez la excesiva insistencia por mi parte por comunicarnos. Cuanto más quería hablar yo, menos él; cuanto menos hablaba él, más quería hablar yo... Y así, jugando al gato y al ratón, no sé cómo, el gato terminó dando la vuelta... y ahora es el ratón el que campa a sus anchas por doquier. Le he dado libertad extrema en lugar de confianza para acercarse a mí y comerle a besos como solíamos hacer... Creo que es mi único error, de verdad. Y aun así estoy dispuesta a escuchar posibles errores que se me escapen, ya no sólo por mejorar en lo que respecta a ser mejor persona yo misma, sino a tener una mejor relación con él, porque le quiero, y punto. Y no quería quererle, pero es que por mucho que diga eso, da igual. Ya da igual. Me arrepiento a veces y muero de rabia porque ¡YO NO QUERIA! ¿Y qué? Yo decidí querer al final, obligada o no por mis sentimientos, pero yo di el paso.
Así que aquí estás. Y ahora si sufres es porque has decidido vivir un amor corto pero intenso e increíble. Has apostado por una felicidad más arriesgada, y has ganado pero lo has gastado rápido. Tú decides si era mejor gastarlo poco a poco, o así, pero ahora mismo es lo que hay.
He gastado mi último cartucho. No depende de mí. No tengo por qué justificar mis actos, hacerle ver lo que ya tenía que haber visto que hice por él, pedirle que me pida perdón o que entienda que a quien quieres no le hieres. Depende de él y, precisamente, si él mismo no se da cuenta, será que he tomado la decisión correcta...
Y tal vez no le vuelva a ver nunca más. No puedo dejar de pensar en aquel momento por la mañana en su cama, acurrucada bajo su hombro y abrazada a su cuerpo, pensando con los ojos cerrados muy fuerte... "cómo voy a echar esto de menos", y en realidad no sabía cuantísimo. Y cuando me dijo cuando yo lloraba, "si nos vamos a volver a ver". Y sus últimas palabras: "Adiós, culillo!", tan típico de él... Y su figura alejándose con su también típica mochila roja de Altus tan navarrica...
Duele, pero una vez juré sobre mi piel en forma de espiral que nunca volvería a perderme. Se puede pensar en uno mismo sin dejar de dar por los demás... Y lo he conseguido. He renunciado en el momento en que me perdería. Si el tatuaje no se va, yo tampoco. Me quiero.
Y aunque te joda, la puerta sigue abierta, podrás pasar y no será arrastrarse, pero eso sí, el orgullo no puede pasar.
Y aunque te joda, la puerta sigue abierta, podrás pasar y no será arrastrarse, pero eso sí, el orgullo no puede pasar.
sábado, 28 de junio de 2014
Fin de una etapa
Hay tantas cosas, tantos cambios…
Mientras quitaba las fotos de la pared pensaba en que esto se terminaba. Pero al
ir viendo una a una, me di cuenta de cuántos cambios había vivido ya. Mi hermano
y yo con Zar en la nieve, y más de dos años hace ya que Zar se fue… y cómo le
lloré y soñé que volvía. Parece que el tiempo se pone de acuerdo con mi estado
de ánimo, porque acaba de empezar a llover. Fotos de Magisterio, momentos
increíbles de hace ya más de tres años. Amistades que se acabaron, otras que se
fueron lejos y no he vuelto a ver. Buenos momentos pasados, recuerdos de una
relación acabada y el dolor que en su día conllevó… Me quedo con este último
recuerdo, ya que no sirvió sino para mejorar mi vida y hacerme mucho más feliz a
día de hoy. No todos los cambios habrán sido o serán tan positivos como este,
pero quiero pensar que de todos ellos se puede extraer algo bueno.
Hoy he pasado mi última noche
aquí. A lo largo del día soy incapaz de no ir pensando todas las últimas cosas
que voy haciendo, pero en ocasiones ya ni siquiera sé cómo sentirme, o lo sé
pero no quiero volver a sentirlo. No quiero ser masoca. Esto ha sido increíble,
y con lo que me quedo no es con que me voy, es con que gracias a haber venido a
León, he ganado. Mucho. He ganado en felicidad, en personalidad, he tomado
decisiones difíciles, he hecho amistades que por la edad y circunstancias sé
que no van a ser pasajeras, y he encontrado de nuevo el amor. Un amor más firme
y sensato, pero no por ello menos loco.
Los motivos y circunstancias que
en su momento me trajeron a León no coinciden en absoluto con las razones por
las que ahora me alegro de haber venido. Por eso, por mucho que pensemos acerca
de una decisión, nunca sabremos si el resultado será el esperado, peor, o…
mejor.
viernes, 13 de junio de 2014
Afortunada
Hoy vengo a escribir lo afortunada y acojonada que me siento. Afortunada por lo que tengo, y acojonada por el tremendo miedo a perderlo.
Cuando se produce un cambio en tu vida, es normal que al principio haya altibajos que hagan primero temblar tus cimientos propios y, cuando aceptas, asumes y reconoces en voz alta que estás encoñada y te metes en la relación, empiezan a temblar los cimientos compartidos que aún se estaban empezando a construir. De la voluntad mutua depende si merece la pena arriesgarse a ver qué pasa, o si todo se queda en el intento. Yo soy de las que piensa que, en el póker, si ya he puesto la ciega e ido un par de veces, de perdidos al río. Si ya he tirado dinero, no me voy a ir sin al menos haber intentado recuperarlo con creces. Lo mismo en una relación. O bien no empiezas, y te pasarás la vida sin saber qué habría pasado, pero sin lamentarlo (tal vez) porque aún no habías puesto en juego tus sentimientos, o si ya te has abierto hay que ir a por todas. Porque si me entrego lo hago poniendo toda la carne en el asador, todo lo demás me parece hipocresía y ganas de probar algo a medias tintas, engañando a la otra persona en cuanto a intenciones (no es lo mismo estar a gusto con una persona, que darte cuenta de que empiezas a sentir algo, a ser un poquito más feliz gracias a ella).
Yendo al grano, una vez que logras cogerte de la mano y juntos superar esa turbia, fea y dolorosa fase de la inestabilidad de los cimientos compartidos, por fin llegas al valle donde está el agua cuya falta te estaba dando tanta sed. Encuentras la estabilidad sin perder aún esa pasión del principio que a toda buena relación caracteriza. Es el paraíso realista, porque nada más empezar todo es locura y pasión, pero muy muy inestable. Esto es pasión con los pies en la tierra y unas cuantas experiencias para saber cómo actuar y así poder seguir en esa línea recta recién trazada. Esto es algo nuevo para mí ya que antes no lo había logrado, y es genial, maravilloso, porque puedes echar un vistazo alrededor sin prisa ni temor, con ciertas garantías de que, al menos a medio plazo, todo saldrá bien.
Y es ahora cuando voy confirmando lo que conozco de él, porque es el tiempo el que ayuda a dar certeza a todo lo que vas viendo. Y no puedo dejar de pensar que soy muy afortunada por tenerle, y al mismo tiempo me muero de miedo por perderle, y en cierto sentido también de rabia, porque cualquier persona en el mundo que no haya sido, sea o vaya a ser su pareja; su familia, amigos o meros conocidos, sus compañeros de estudios o de trabajo... todos ellos podrían disfrutar de su persona toda su vida si quisieran, pero ser su pareja hace que lo tengas todo o nada. Así de simple, porque no voy a meterme a hablar de la amistad post-ruptura. Yo le amo, no le quiero como amigo. Y quiero amarle toda mi vida, y que él haga lo mismo, porque es una persona alegre, optimista y luchadora, y me ha demostrado estas tres cosas juntas sobre todo últimamente, pasándose más de diez horas al día postrado en una silla estudiando sin descanso, salvo cuando se giraba para hacerme reir y morir de amor al mismo tiempo con sus bromas. ¿Cómo no voy a admirarle? Si ante su presión aún saca tiempo para animarme a mí, yo que sólo tengo que estudiar para mis exámenes, sin prisa por terminar la carrera, frente a él que ha tomado la fuerte decisión de preparar selectividad para segur su sueño de ser fisioterapeuta, y ahora sigue partiéndose la cabeza para sacar los exámenes de la carrera en una semana a contrarreloj. Le admiro y le vuelvo a admirar. Haría todo lo que fuera por él, estaría allí sentada a su lado estudiando su temario y presentándome por él a los exámenes.
Es un ejemplo a seguir, por su tesón, su saber anteponer su personalidad a lo que digan las masas, y su forma de ser. Él es quien te alegra los días, y yo la que tiene que cuidarse de no hacer lo contrario cuando tengo un día malo. No quiero que salga de mi vida, porque ahora que no hay tambaleos, puedo decir sin lugar a dudas que me la hace más fácil. Me hace feliz y yo sólo espero poder devolverle todo esto porque, por muy modesto que se quiera poner, en el fondo sabe que es un partidazo. Me alegro de tener tanto que perder.
All in.
viernes, 4 de abril de 2014
Estirar la goma
Hace tiempo que no escribo. No escribo desde que la felicidad es fugaz y vulnerable. Porque cuando estoy bien trato de aprovecharlo al máximo al tener la triste certeza de que no durará mucho, al tener el constante interrogante en mi cabeza: "¿cuánto durará esta vez?".
Porque cuando más quiero escribir es cuando más lo necesito y también cuando peor estoy. Y porque no quiero leer esto después de tiempo y ver que fui infeliz. No quiero ver cómo he vuelto a perder los cabos de mi vida y se ha echado a perder de nuevo. No quiero, ni puedo creerlo.
Porque cuando se empieza una relación vuelves a creer que el amor lo es todo, porque es tan increíblemente maravilloso y aporta tanta felicidad, que te parece impensable que algo así se pueda truncar.
El momento más triste de la vida no es cuando la relación se acaba, sino cuando te das cuenta de que ha de acabarse, de que no puedes hacer nada más. La impotencia, el ver cómo tienes que soltar, aunque pudieras seguir corriendo tras ello. Dejar ir cuando es lo que menos quieres. Y recuerdo una de las frases que más me jodió leer en su día, que decía algo así como "cuando estiras una goma por encima de sus posibilidades se rompe. Pues lo mismo con las relaciones".
Cuando la razón se impone al corazón. La magia se rompe y con ella mueren la fe y la esperanza. El vaso se vacía y el cielo se cubre de nubes grises. Podría hacer mucho más, pero es aún más duro saber que no sólo depende de ti, y que la otra persona no parece estar luchando a capa y espada por reencontrarse contigo, sino por escapar en la dirección contraria.
Una relación no debería ser un volverse las espaldas y una eterna persecución para alcanzar a la otra persona. Una relación debería ser mirarse a la cara, y cuando algo se ponga en medio, correr de nuevo al encuentro mutuo.
No puedo correr sola.
domingo, 9 de febrero de 2014
Felicidad compartida
Es una persona bastante madura que en general sabe llevar las situaciones con cabeza, que no le gusta discutir y que tiene gran capacidad para quitarle hierro al asunto, pasando de discutir o estar enfadado a querer comerme en un segundo. Tiene las ideas muy claras, a veces me asusta el demasiado, y toma decisiones con firmeza. Tiene esperanzas e ilusiones y está dispuesto a hacer lo que sea para conseguir que se hagan realidad. Tiene actitud crítica ante situaciones políticas, profesionales o personales; piensa similar a mí en muchas de estas cosas, y en las que no, es capaz de abrirme la mente y al menos hacerme dudar de mi punto de vista, pero no trata de convencerme. Sabe cocinar de todo, todo lo ha probado y todo le gusta (salvo los mejillones, el pollo asado y EL CHOCOLATE). Ha visto todas las películas y siempre es él quien sabe cuáles son buenas o malas, y sabe mucho más que yo de todo de la vida en general, porque él siempre tiene razón.
Y me encanta.
Me encanta porque entiende la necesidad de mi espacio y lo respeta a la perfección, no dejando por ello de recordarme a cada momento las ganas que tiene de que haga un hueco para él. No se ha metido en mi vida, sino que desde un primer momento me ha dado la bienvenida con los brazos abiertos a la suya. Me hace reír como una idiota y logra que me sienta en las nubes sin despegar los pies de la tierra, porque me hace feliz cada día de una forma realista. No hace falta soñar con príncipes azules, o con que alguien venga en su moto a buscarte y te lleve a tres metros sobre el cielo. Lo que realmente se necesita es alguien que te entienda, te respete y comparta contigo sus y tus momentos; que te haga la vida fácil, porque ella sola se complicará sin buscarlo, y que quiera andar en la misma dirección que tú. Y para mí, esa persona tiene nombre y apellidos.
jueves, 9 de enero de 2014
A la vuelta de la esquina
La incertidumbre es optimismo cuando se afronta con ganas de comértela a planes.
Y es que el año pasado comencé a disfrutar de la esencia del Carpe Diem, pero al mismo tiempo tuve un poco de complejo de Peter Pan al temer tanto el paso de un tiempo que estaba siendo mucho mejor que bueno... Creí que este año sería exactamente igual y no quería que pasara todo tan deprisa, me encantaba esa vida. Pero sin embargo este año está siendo diferente. No me quejo de la situación, pero cuando algo es un "boom", es porque su duración es tan corta como intensa. Este año los quehaceres han llamado a la puerta y el tiempo de ocio se ha visto reducido considerablemente. Poco a poco el fin de esta etapa se acerca, y sin embargo, aunque sé que me dará pena que se acabe, me alegra sentir que estoy evolucionando hacia la fase de preguntarme qué pasará después, pero con ganas en cierto modo de que llegue para poder tener las 24 horas libres, o mejor dicho, disponibles para poder hacer cualquier cosa que me proponga. Estoy hablando mayoritariamente de comenzar una vida laboral más seria, y aunque siempre he dicho que tiempo para trabajar hay toda la vida, y ahora hay que disfrutar y alargar el de estudio, tampoco voy a hacerlo si no deseo estudiar nada en particular. Hasta ahora trabajar siempre se ha visto muy limitado a las horas de estudio, pero seguido de mis ganas de emanciparme viene poder inscribirme a ofertas de empleo de más horas de las que ahora podría asumir, y así lograr la independencia económica necesaria para emanciparme.
Así que, no tengo ni idea de qué haré, pero tengo muchísimas ganas de intentarlo todo, porque a partir de ahora toda decisión que tome será para construir mi propia vida y no me importa lo que me cueste. Luego podré echar la vista atrás y enorgullecerme de lo que haya podido recorrer por mi cuenta.
Qué independiente soy, y cómo me gusta!
Qué independiente soy, y cómo me gusta!
miércoles, 8 de enero de 2014
Nunca un hecho será palabra.
Es en ocasiones como esta por las que me reafirmo y me dan ganas de gritar HECHOS, NO PALABRAS! Porque tanto para demostrar a los demás como para que te demuestren a ti misma, ni todas las palabras del mundo serán capaces de hacerte no creer, sino saber algo con total certeza.
Cuando creía (tonta de mi) haber conocido todas las maravillas y pasteladas del amor, me encuentro con algo para lo que por más que piense no tengo palabras, y ya solo de intentar explicarlo se me van a saltar las lágrimas. No es algo tonto o de quinceañera como me decía mi madre a veces; creo que esto es algo serio, algo fuerte, y algo que ni siquiera sabía que no llegaría a sentir porque no me imaginaba que existiera tal sensación, al menos en mis circunstancias. Y voy al grano.
Llevábamos dos semanas contando los días para volver a vernos. Lo que al principio se tornaba muy largo, luego parecía asequible y llevadero, y de hecho llevadero fue, nunca me afectó en negativo ni mucho menos, pero por más que lo pensaba me costaba verme por fin ansiosa en el autobús a punto de llegar a la estación. Desde que pude decir "Pasado mañana", no hice más que plantearme la situación de encuentro de mil maneras diferentes, desde dónde sería exactamente, hasta el punto de pensar qué pasaría con las maletas al soltarlas para abalanzarme sobre él. La noche antes, me sentí como cuando era pequeña y al día siguiente había excursión, o la noche de Reyes cuando te entraban esos nervios tontos que no te dejaban dormir. Y es que dormí fatal y desperté mil veces.
Una hora antes de salir en Decathlon, la hora de subir al bus, la hora real en que el bus arranca, la hora y pico que tardamos en salir de Asturias, la hora eterna cruzando Castilla de noche... Y los mil cálculos sobre quién llegaría antes, y mi culo que ya no sabía cómo colocarse en el asiento.
Y por fin entramos en León. Preparo todo para bajarme cuanto antes del autobús, cojo las maletas y echo a andar, entre la certeza y la duda de si realmente él se retrasaría o ya estaría esperándome. Me hago de rogar unos segundos al parar a colocar a Estelo en el bolso, y cruzo la última las puertas de la estación. Miro hacia donde se supone que debería esperarme, miro y me dirijo hacia donde decido sentarme a esperar, cuando recuerdo que es un mal mentiroso así que miro al lugar donde nos encontraríamos. Ahí está, me saluda con la mano y con su cara de "¿no es obvio que estoy aquí?". Mi primera reacción de milisegundos es como si nada, echo a andar, le miro, me pongo nerviosa y miro al suelo, sonrío como una idiota, intento correr, levanto la vista y llego a él. Guapísimo y más alto de lo que recordaba. Suelto las maletas no sé ni como y me estampo contra él y nos fundimos en un beso y otro y un abrazo y otro beso más. Y yo que le decía que ni siquiera recordaba la sensación de besarle... Ese beso es será impagable. Y recuerdo las maletas pero vuelvo a ignorarlas. Le miro, le toco la cara porque no me lo creo. Estaba nerviosísima. Parecía como si fuera la primera vez que le tenía delante, y haber pasado esa distancia de rigor e invadido nuestros espacios personales sin tan siquiera pensarlo se me hacía incluso raro. Y le vuelvo a besar y a abrazar. Echamos a andar hacia la puerta y es que no puedo dejar de mirarle tan maravillada que hasta yo sentía que me salía luz de los ojos al hacerlo. Estaba tan guapo... Y por fin delante de mi. Y le podía tocar y... Nunca había sentido algo así. Jamás. Y es realmente una puta pasada descubrir sensaciones nuevas tan fuertes y maravillosas. No me esperaba reaccionar así, y con lo rara que soy últimamente, cuando por fin había llegado el día no me creía capaz de recibirle al 100%, es como si tuviera menos ganas que otros días pasados. Así que aquella reacción fue el doble de sorprendente e increíble para mí. No tengo palabras porque pese a todo este discurso NUNCA PODRÉ PLASMAR UN HECHO CON PALABRAS.
Y por fin, por la noche, estando apunto de dormir, sentí su abrazo y lo disfruté como nunca, después de tanto tratar de recordarlo estas dos semanas.
sábado, 4 de enero de 2014
Confianza
Creo que la confianza es de las muy pocas cosas que no podemos controlar en absoluto.
Cuando alguien nos pide que confiemos en él, si no lo hacemos no es porque no queramos, sino porque no podemos. Al contrario, por mucho que deseemos no confiar en una persona, si lo hacemos, lo hacemos. Son los hechos los que, en algún determinado momento, provocan que algo haga 'clac' en nuestra cabeza y comencemos a confiar o que, por cualquier tontería insignificante, dejemos de hacerlo y ya sea irrevocable. Porque no por mucho apretar los puños y fruncir el ceño, lograremos que nuestro coco cambie de opinión al respecto.
Por eso es tan valioso ganarse la confianza de alguien. Pero es tanto o más importante lograr mantenerla.
Por eso es tan valioso ganarse la confianza de alguien. Pero es tanto o más importante lograr mantenerla.
Terror
Miedo. Miedo a volver a ser la que era. Miedo a que esa bruja resurja porque sea mi naturaleza. Miedo a cambiar un carácter alegre y feliz de manera fresca y natural, sin pensarlo ni forzarlo, por otro que se mosquea con facilidad, que desconfía de tonterías, que se molesta por nada. Miedo a querer controlarlo todo y, aunque todo esto no pase, miedo a que el miedo a que ocurra se estanque.
Miedo a no disfrutar aunque todo vaya bien, por estar temiendo que algo vaya mal. Miedo a no estarme dejando llevar. Miedo a cagarla, a hacerle daño. Miedo a no ser feliz.
¿Es bueno estar pendiente del autocontrol? ¿De estar alerta para prevenir posibles conductas negativas? ¿Forma parte de un cambio hacia algo mejor? Algo me dice que no cuando, después de haber estado al otro lado, he sido capaz de volver sola, estando sola.
Miedo a necesitar estar sola para ser yo. O para ser la yo que me gusta.
Sea como sea, esta entrada me es familiar. Y estoy acojonada porque ahora ya sé de primeras lo que pasa y cuál es la solución.
Miedo. Mucho miedo.
jueves, 2 de enero de 2014
El valor de una lágrima
Es increíble cómo se vuelve de importante un poco de agua con sal, estando de ella colmada el mar, cuando surge de los ojos de esa persona tan especial a causa de la felicidad que le brindas.
Más inspiraciones sobre lo mismo: http://biografiadelcorazon.blogspot.com.es/2012/05/una-lagrima-no-es-una-lagrima-cuando-es.html
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

